2/12/2017, 20:12
Una figura se aproximó a su vez que él se aproximaba a los campos. Se trataba de un hombre enorme y fornido, eso estaba claro incluso desde la distancia. El genin respondió a la pregunta asintiendo de forma firme.
Kuranosuke se veía obligado a levantar el rostro todo lo que su cuello le permitía para poder mirar al granjero a los ojos. La diferencia de alturas era brutal, prácticamente cómica. Cuando el susodicho le tendió la mano para que se la estrechara, el muchacho dudó durante unos instantes, su mirada fija sobre ese pedazo de "tronco".
Pero el tuerto no deseaba mostrar una actitud irrespetuosa, especialmente al cliente, y armándose de valor, estrechó su pequeña extremidad con la ajena. Esperaba que esta sobreviviera a la dura experiencia; su padre ya perdió un brazo en sus años y era de lo peor que le podía ocurrir a un guererro.
Acto seguido, el granjero se presentó.
—Yo soy Sakamoto Kuranosuke, a su servicio —respondió con seriedad.
Haciendo tal y como le habían ordenado, el joven echó a andar siguiendo la estela del grandullón. Ocultando su mano tras su semblante, la abrió y cerró con mociones repetitivas, tratando de espantar el dolor como fuera buenamente posible.
Kuranosuke se veía obligado a levantar el rostro todo lo que su cuello le permitía para poder mirar al granjero a los ojos. La diferencia de alturas era brutal, prácticamente cómica. Cuando el susodicho le tendió la mano para que se la estrechara, el muchacho dudó durante unos instantes, su mirada fija sobre ese pedazo de "tronco".
Pero el tuerto no deseaba mostrar una actitud irrespetuosa, especialmente al cliente, y armándose de valor, estrechó su pequeña extremidad con la ajena. Esperaba que esta sobreviviera a la dura experiencia; su padre ya perdió un brazo en sus años y era de lo peor que le podía ocurrir a un guererro.
Acto seguido, el granjero se presentó.
—Yo soy Sakamoto Kuranosuke, a su servicio —respondió con seriedad.
Haciendo tal y como le habían ordenado, el joven echó a andar siguiendo la estela del grandullón. Ocultando su mano tras su semblante, la abrió y cerró con mociones repetitivas, tratando de espantar el dolor como fuera buenamente posible.