4/12/2017, 19:57
Habiendo recibido el visto bueno de su supervisor, Kuranosuke se sentía más que preparado para continuar con la labor hasta que el señor Niwashi se sintiera satisfecho.
—Entendido, Niwashi-dono —le respondió el muchacho, todavía agachado.
El genin se tomó unos instantes para observar cómo se alejaba el granjero. Entonces inhaló una profunda bocanada de aire en sus pulmones, mentalizándose para la copiosa tarea que tenía entre manos. Expiró, sus ánimos fortalecidos.
Sería buen entrenamiento. El trabajo en el campo no es broma, los campesinos eran de los seres humanos más trabajadores en el mundo —lo sabía bien, gracias a su madre— y a pesar de que a su progenitor le habría parecido un deshonor verlo con esas prendas en una situación tal, Kuranosuke disponía de una mente más práctica que la de él.
Tanto trabajo haría maravillas a la hora de desarollar su estamina.
Siguiendo las instrucciones de Tsu, bajo la atenta mirada del sol, el tuerto continuó con su tarea de manera estoica, acumulando lenta pero inexorablemente zanahorias en el cesto que sostenía su espalda. No se detuvo cuando el perlado sudor surgió en su frente, exigiendo su atención...
—Entendido, Niwashi-dono —le respondió el muchacho, todavía agachado.
El genin se tomó unos instantes para observar cómo se alejaba el granjero. Entonces inhaló una profunda bocanada de aire en sus pulmones, mentalizándose para la copiosa tarea que tenía entre manos. Expiró, sus ánimos fortalecidos.
Sería buen entrenamiento. El trabajo en el campo no es broma, los campesinos eran de los seres humanos más trabajadores en el mundo —lo sabía bien, gracias a su madre— y a pesar de que a su progenitor le habría parecido un deshonor verlo con esas prendas en una situación tal, Kuranosuke disponía de una mente más práctica que la de él.
Tanto trabajo haría maravillas a la hora de desarollar su estamina.
Siguiendo las instrucciones de Tsu, bajo la atenta mirada del sol, el tuerto continuó con su tarea de manera estoica, acumulando lenta pero inexorablemente zanahorias en el cesto que sostenía su espalda. No se detuvo cuando el perlado sudor surgió en su frente, exigiendo su atención...