5/12/2017, 17:41
Con espíritu renovado, el joven se internó en el edificio del grandioso Morikage. Parecía ser que a esas horas el ajetreo era mucho menor en contraste con el que había presenciado con anterioridad. El tuerto apreciaba la tranquilidad.
Haciendo uso de zancadas tan copiosas como portentosas, Kuranosuke se aproximó al mismo mostrador que la primera vez, horas antes. Presentó el pergamino que certificaba que había completado la misión con éxito y habló:
—Sakamoto Kuranosuke, genin —se presentó con las mismas palabras y frialdad de antes—. Vengo a informar de que he cumplido con mi cometido.
Después de atar al cien por cien el asunto, podría preocuparse de ir al hospital de la aldea.
Haciendo uso de zancadas tan copiosas como portentosas, Kuranosuke se aproximó al mismo mostrador que la primera vez, horas antes. Presentó el pergamino que certificaba que había completado la misión con éxito y habló:
—Sakamoto Kuranosuke, genin —se presentó con las mismas palabras y frialdad de antes—. Vengo a informar de que he cumplido con mi cometido.
Después de atar al cien por cien el asunto, podría preocuparse de ir al hospital de la aldea.