15/01/2018, 04:39
Una respuesta tan vaga como se hubiese esperado desde un principio. Y nada podría hacer para intentar quitarle información adicional al Uchiha, o al menos no le pareció necesario considerando que estaba su hermana en una situación de vida o muerte —probablemente—, cualquiera sea el caso, la kunoichi tenía solo una meta en ese preciso instante y nada la desconcentraría...
Salvo un genin que no parecía saber cómo acomodarse sobre el lomo de un cocodrilo que reptaba a gran velocidad. «Estos niñatos »pensó con bastante molestia.
—Agárrate de mí y deja de retorcerte —le dijo enderezando la espalda lo más posible para que tuviese fácil el deslizar los brazos por delante de su vientre.
A pesar de ello, el animal sobre el que viajaban no parecía alterado en lo más mínimo por lo que ocurría sobre él, como si el peso de ambos seres no le significase nada.
El aburrimiento de la Kageyama llegó hasta el punto en que rodar sobre la manta se le antojó sumamente divertido, lástima que cada dos vueltas llegaba hasta el otro lado de la celda y chocaba contra los barrotes o la pared. Eso sí, el balde se lo había dejado lo suficientemente lejos para no golpearlo por error.
Estaba hambrienta y deseando tener a su alcance un poco de agua que beber para solventar la molestia de la boca reseca, pero por mucho que intentara llamar al bandido este no respondió en ningún momento y pronto la pecosa decidió desistir.
No había nada que hacer, no tenía forma de escaparse de su celda y no había nada para beber ni comer. Y nada parecía indicar que eso fuese a cambiar.
Llegado cierto punto, la rubia decidió acomodarse una vez más sobre la manta para apreciar el techo nuevamente. Ya había encontrado todos y cada uno de los detalles que este ocultaba, desde las pequeñas marcas de alguno que otro golpe, hasta los rastros de insectos aplastados. Incluso algunas grietas por las que de vez en cuando una araña salía para llevarse alguna mosca atrapada en una tela de araña bastante delgada casi imperceptible, al menos para Koko quien vagamente veía algo con los ojos entrecerrados.
En eso, pudo escuchar unos ruidos de pasos, casi podía decirse que estaba feliz con eso, supuso al instante que Zaide regresó pero pronto esos ruidos se transformaron —o su mente los interpretó correctamente— provocando en ella cierta sensación de miedo. No era Zaide, pero tampoco podía ser Katame ni Yume…
«No me digas que es… »pensó horrorizada, justo antes de que aquella montaña apestosa apareció esbozando su retorcida sonrisa y la kunoichi no hizo más que alzar la vista para mirarle fijamente a la cara con miedo.
—Este… hola… —dijo temerosa.
Solo esperaba que se dignase a seguir las órdenes de su jefe por al menos una jodida vez en su existencia.
Salvo un genin que no parecía saber cómo acomodarse sobre el lomo de un cocodrilo que reptaba a gran velocidad. «Estos niñatos »pensó con bastante molestia.
—Agárrate de mí y deja de retorcerte —le dijo enderezando la espalda lo más posible para que tuviese fácil el deslizar los brazos por delante de su vientre.
A pesar de ello, el animal sobre el que viajaban no parecía alterado en lo más mínimo por lo que ocurría sobre él, como si el peso de ambos seres no le significase nada.
El aburrimiento de la Kageyama llegó hasta el punto en que rodar sobre la manta se le antojó sumamente divertido, lástima que cada dos vueltas llegaba hasta el otro lado de la celda y chocaba contra los barrotes o la pared. Eso sí, el balde se lo había dejado lo suficientemente lejos para no golpearlo por error.
Estaba hambrienta y deseando tener a su alcance un poco de agua que beber para solventar la molestia de la boca reseca, pero por mucho que intentara llamar al bandido este no respondió en ningún momento y pronto la pecosa decidió desistir.
No había nada que hacer, no tenía forma de escaparse de su celda y no había nada para beber ni comer. Y nada parecía indicar que eso fuese a cambiar.
Llegado cierto punto, la rubia decidió acomodarse una vez más sobre la manta para apreciar el techo nuevamente. Ya había encontrado todos y cada uno de los detalles que este ocultaba, desde las pequeñas marcas de alguno que otro golpe, hasta los rastros de insectos aplastados. Incluso algunas grietas por las que de vez en cuando una araña salía para llevarse alguna mosca atrapada en una tela de araña bastante delgada casi imperceptible, al menos para Koko quien vagamente veía algo con los ojos entrecerrados.
En eso, pudo escuchar unos ruidos de pasos, casi podía decirse que estaba feliz con eso, supuso al instante que Zaide regresó pero pronto esos ruidos se transformaron —o su mente los interpretó correctamente— provocando en ella cierta sensación de miedo. No era Zaide, pero tampoco podía ser Katame ni Yume…
«No me digas que es… »pensó horrorizada, justo antes de que aquella montaña apestosa apareció esbozando su retorcida sonrisa y la kunoichi no hizo más que alzar la vista para mirarle fijamente a la cara con miedo.
—Este… hola… —dijo temerosa.
Solo esperaba que se dignase a seguir las órdenes de su jefe por al menos una jodida vez en su existencia.