7/04/2018, 18:12
Lástima que a Kaido le importase un cojon y medio si delante tenía a un oso, un dragón, o al mismísimo Ame no Kami en cualquiera de sus míticas formas. Ese era uno de sus más grandes defectos aún y cuando él lo creía una imperiosa ventaja: que no se acojonaba ante nada, ni nadie.
Con Shenfu Kano no iba a ser diferente.
—El estado de tus huevos es el menor de tus problemas, Kano. Ahora... —suspiró, y trató de calmarse—. trata de diluir tu blanca euforia y piensa un poco. ¿Qué otra cosa iban a buscar en tu caja, sino? ¿Y si buscaba eso en particular, quién puede ser sino alguien que conozca de tu adicción? —trató de atar cabos, los pocos que tenía. Luego tuvo una ligera sospecha. Infundada —. Reon. ¿Sabes que el tío habla mierda a tus espaldas? lo hizo ésta mañana durante el desayuno en frente de todos, incluso de tu señora esposa. Parecía —no, parecía no, lo estaba— inconforme por la inmensa carga laboral que recae ahora sobre su espalda que deriva, según él, de la poca atención que le das a tu jodido restaurante —dijo, endulzando un poco la historia—. pero, en cuanto sacas la bolsa mágica y decides compartir los pases, te sonríe con hipocresía. Ahí sí eres el jefe pródigo.
Torció el gesto y apretó los dientes, esperando que su intuición no le estuviera fallando.
—Él es el principal sospechoso. Pero aún está el tema del dinero, que no cuadra en la puta historia. Quizás robar las ganancias de la registradora sea sólo una distracción, no sé. Joder. —reviró con la mirada a Kano, y empezó a arrojar otras insinuaciones con más discreción—. ¿qué pasa entre tu Koe y tu esposa? parecen no llevarse bien. Y Jitsuna tampoco con Yoku. Ilumíname.
Con Shenfu Kano no iba a ser diferente.
—El estado de tus huevos es el menor de tus problemas, Kano. Ahora... —suspiró, y trató de calmarse—. trata de diluir tu blanca euforia y piensa un poco. ¿Qué otra cosa iban a buscar en tu caja, sino? ¿Y si buscaba eso en particular, quién puede ser sino alguien que conozca de tu adicción? —trató de atar cabos, los pocos que tenía. Luego tuvo una ligera sospecha. Infundada —. Reon. ¿Sabes que el tío habla mierda a tus espaldas? lo hizo ésta mañana durante el desayuno en frente de todos, incluso de tu señora esposa. Parecía —no, parecía no, lo estaba— inconforme por la inmensa carga laboral que recae ahora sobre su espalda que deriva, según él, de la poca atención que le das a tu jodido restaurante —dijo, endulzando un poco la historia—. pero, en cuanto sacas la bolsa mágica y decides compartir los pases, te sonríe con hipocresía. Ahí sí eres el jefe pródigo.
Torció el gesto y apretó los dientes, esperando que su intuición no le estuviera fallando.
—Él es el principal sospechoso. Pero aún está el tema del dinero, que no cuadra en la puta historia. Quizás robar las ganancias de la registradora sea sólo una distracción, no sé. Joder. —reviró con la mirada a Kano, y empezó a arrojar otras insinuaciones con más discreción—. ¿qué pasa entre tu Koe y tu esposa? parecen no llevarse bien. Y Jitsuna tampoco con Yoku. Ilumíname.
