21/05/2018, 05:16
—Decidiremos si es un buen o un mal momento según lo que vengas a decirme, Umikiba.
Él asintió a medida de que cerraba la puerta tras suyo. Después pareció arrastrarse a través de la habitación con la cautela de un antílope que ha de beber de un río custodiado por cocodrilos, pues sediento, debe sí o sí correr los riesgos necesarios para garantizar su supervivencia. Para perdurar en el tiempo.
—He venido a pedirle autorización para resolver yo mismo un problema que incide directamente en el futuro de nuestro clan, o al menos de los miembros que estén estrictamente vinculados a mí como ninja de Amegakure no satou —admitió con convicción—. pero antes déjeme contarle un poco acerca de nosotros.
»Formo parte de un reducido reducto de Hōzuki de apenas unos cuantos miembros. Me acogieron desde pequeño y crecí con la convicción que la lealtad era la única moneda con la cuál podía pagarles mi adoctrinamiento. Después de todo, no cualquiera se habría hecho cargo del jodido tiburón, ¿no? —sonrió ampliamente—. aunque hoy por hoy sé el por qué. Y es que, Yui-sama, quiero pensar que no somos como los Kajitsu. No se pregonan tras un nombre que les de un rostro, ni han atentado de alguna manera en contra de Amegakure hasta donde tengo conocimiento. Pero hay una constante muy peligrosa, y es la de querer tener un arma en sus filas. Como comodín o lo que fuere. Y al ver lo que sucedió con Ayame, me dí cuenta de que yo soy ese jodido comodín. Y no me sale de los cojones serlo más, ¿vale?
La miró a la cara.
—Por esa razón quiero resolverlo antes de que sea tarde. Antes de que por las razones que fueren, se conviertan en los nuevos Kajitsu y sean extinguidos como sucedió con ellos, porque no hay otro puto resultado que ese cuando atentas contra Amegakure y su gente. Contra usted.
»Quiero que me autorice traicionar a mi propia gente para así cumplir con mi deber como Shinobi de su aldea.
Él asintió a medida de que cerraba la puerta tras suyo. Después pareció arrastrarse a través de la habitación con la cautela de un antílope que ha de beber de un río custodiado por cocodrilos, pues sediento, debe sí o sí correr los riesgos necesarios para garantizar su supervivencia. Para perdurar en el tiempo.
—He venido a pedirle autorización para resolver yo mismo un problema que incide directamente en el futuro de nuestro clan, o al menos de los miembros que estén estrictamente vinculados a mí como ninja de Amegakure no satou —admitió con convicción—. pero antes déjeme contarle un poco acerca de nosotros.
»Formo parte de un reducido reducto de Hōzuki de apenas unos cuantos miembros. Me acogieron desde pequeño y crecí con la convicción que la lealtad era la única moneda con la cuál podía pagarles mi adoctrinamiento. Después de todo, no cualquiera se habría hecho cargo del jodido tiburón, ¿no? —sonrió ampliamente—. aunque hoy por hoy sé el por qué. Y es que, Yui-sama, quiero pensar que no somos como los Kajitsu. No se pregonan tras un nombre que les de un rostro, ni han atentado de alguna manera en contra de Amegakure hasta donde tengo conocimiento. Pero hay una constante muy peligrosa, y es la de querer tener un arma en sus filas. Como comodín o lo que fuere. Y al ver lo que sucedió con Ayame, me dí cuenta de que yo soy ese jodido comodín. Y no me sale de los cojones serlo más, ¿vale?
La miró a la cara.
—Por esa razón quiero resolverlo antes de que sea tarde. Antes de que por las razones que fueren, se conviertan en los nuevos Kajitsu y sean extinguidos como sucedió con ellos, porque no hay otro puto resultado que ese cuando atentas contra Amegakure y su gente. Contra usted.
»Quiero que me autorice traicionar a mi propia gente para así cumplir con mi deber como Shinobi de su aldea.
