10/06/2018, 02:19
Yui rió a carcajada limpia, y Kaido no pudo sino tragar saliva, pues su discurso parecía haber tenido el impacto que buscaba. Aunque no estaba del todo seguro.
—Tienes dos huevos como dos melones, Kaido. Me gustas. Ahora bien. Tu lealtad no puede estar condicionada a quien te entrene o no. Es muy simple:
»Ahora vas a ir y vas a matar a aquellos que quieren aprovecharse de ti. Si te buscas otro maestro, y descubres que quiere utilizarte, ¿por qué coño vas a tener que dejarte utilizar? No, Kaido, tú eres un depredador, no una oveja. Tú eres un tiburón.
«Yo soy un Tiburón» —se repitió a introspectiva mientras sus ojos se llenaron de vida, y aquel par de oídos necios, que por lo general ignoraban a mansalva; ahora escuchaban plácidamente la voz tertulia de su líder. Su sabiduría. Sus designios.
Y así también su inestimable rechazo. Kaido sonrió, aún cuando no tenías motivos para hacerlo.
»Los tiburones son más bien solitarios. Estoy seguro de que encontrarás la manera de aprender por tu propia cuenta, de hacerte fuerte. Y si no, siempre puedes pedirle ayuda a alguno de tus compañeros. ¿No conoces a ningún Hozuki más que pueda echarte una mano en tu promoción? Somos muchos...
Umikiba Kaido suspiró profundamente con la barbilla en alto, tratando de no lucir abatido.
Hasta que la imponente figura de Yui se acercó hasta él, con un semblante apremiante. Sendos rostros quedaron frente a frente, y sus narices finalmente se tocaron. Los ojos del genin vacilaron entre las tres líneas verticales cicatrizadas en la frente de Yui y sus ojos azul eléctrico, para luego dejarse perder en la promesa. En una meta que ahora tendría que alcanzar.
En su nuevo propósito de vida.
—Demuestra ser un rival digno, y te enseñaré una de mis más letales técnicas.
Entonces tomó una decisión. No era siquiera por la técnica. Ya era una cuestión de orgullo. De mérito. De demostrar su valía.
El gyojin asintió con regocijo e hizo una leve reverencia.
—Es un trato, entonces. Pronto volveré a por ese combate, Yui-sama; y dicho sea de paso también a por la victoria —indagó con retórica, por delante de su sonrisa elocuente. Esta se esfumó luego sin embargo, dada las circunstancias reales por las cuales se encontraba frente a ella—. ahora. Deme a ese escuadrón del que me habló y cumpliré con lo que le he pedido en primer lugar. Unos cuantos enemigos menos en la lista.
Una lista que nunca iba a ser corta, dada su posición. Y una que ahora contenía a los nombres de algunos miembros más de su clan, y a quienes tendría él que eliminar. Por desalmado que sonara, y por cuánto le pudiera doler —en especial, por uno de todos ellos—. era lo necesario. Era su deber.
Por dentro lloraba a cántaros, pero a un tiburón en el agua no se le podía ver una lágrima. Nunca.
—Tienes dos huevos como dos melones, Kaido. Me gustas. Ahora bien. Tu lealtad no puede estar condicionada a quien te entrene o no. Es muy simple:
»Ahora vas a ir y vas a matar a aquellos que quieren aprovecharse de ti. Si te buscas otro maestro, y descubres que quiere utilizarte, ¿por qué coño vas a tener que dejarte utilizar? No, Kaido, tú eres un depredador, no una oveja. Tú eres un tiburón.
«Yo soy un Tiburón» —se repitió a introspectiva mientras sus ojos se llenaron de vida, y aquel par de oídos necios, que por lo general ignoraban a mansalva; ahora escuchaban plácidamente la voz tertulia de su líder. Su sabiduría. Sus designios.
Y así también su inestimable rechazo. Kaido sonrió, aún cuando no tenías motivos para hacerlo.
»Los tiburones son más bien solitarios. Estoy seguro de que encontrarás la manera de aprender por tu propia cuenta, de hacerte fuerte. Y si no, siempre puedes pedirle ayuda a alguno de tus compañeros. ¿No conoces a ningún Hozuki más que pueda echarte una mano en tu promoción? Somos muchos...
Umikiba Kaido suspiró profundamente con la barbilla en alto, tratando de no lucir abatido.
Hasta que la imponente figura de Yui se acercó hasta él, con un semblante apremiante. Sendos rostros quedaron frente a frente, y sus narices finalmente se tocaron. Los ojos del genin vacilaron entre las tres líneas verticales cicatrizadas en la frente de Yui y sus ojos azul eléctrico, para luego dejarse perder en la promesa. En una meta que ahora tendría que alcanzar.
En su nuevo propósito de vida.
—Demuestra ser un rival digno, y te enseñaré una de mis más letales técnicas.
Entonces tomó una decisión. No era siquiera por la técnica. Ya era una cuestión de orgullo. De mérito. De demostrar su valía.
El gyojin asintió con regocijo e hizo una leve reverencia.
—Es un trato, entonces. Pronto volveré a por ese combate, Yui-sama; y dicho sea de paso también a por la victoria —indagó con retórica, por delante de su sonrisa elocuente. Esta se esfumó luego sin embargo, dada las circunstancias reales por las cuales se encontraba frente a ella—. ahora. Deme a ese escuadrón del que me habló y cumpliré con lo que le he pedido en primer lugar. Unos cuantos enemigos menos en la lista.
Una lista que nunca iba a ser corta, dada su posición. Y una que ahora contenía a los nombres de algunos miembros más de su clan, y a quienes tendría él que eliminar. Por desalmado que sonara, y por cuánto le pudiera doler —en especial, por uno de todos ellos—. era lo necesario. Era su deber.
Por dentro lloraba a cántaros, pero a un tiburón en el agua no se le podía ver una lágrima. Nunca.
