17/06/2018, 18:16
La chica, aún en visible shock por lo sufrido, no pudo si no balbucear apenas, preguntando qué había sucedido. No era algo de extrañar, entre el golpe que se había llevado, el susto y la impresión de verse a un desconocido encima. No, sin duda no era para menos. Sin embargo, llegó a centrarse al cabo de un leve instante. Al final —mas vale tarde que nunca— la chica contestó a la pregunta del rastas. Al parecer se encontraba bien, tan solo tenía magulladuras.
Fue en ese preciso momento que el chico buscó con la mirada al hombre que se había lanzado contra la chica. Quizás quería echarle un sermón, por una mala práctica de lo que debía hacerse en intimidad, o simplemente por abalanzarse sobre una chica sin derecho alguno... sus orbes quedaron abiertos como platos al darse cuenta de que el hombre ni había reaccionado al empujón. Sus entrañas decoraban el suelo, así como un enorme surco de sangre.
Antes de hablar, o siquiera pensar el chico desvió la mirada hacia sus rodillas. Evidentemente, también estaban manchadas de sangre. La chica también, no era menos. Todo lo estaba, la sangre se había vuelto casi como la espuma en una fiesta universitaria.
«Os-»tras... —pensó en voz alta.
No había sido cosa suya, estaba casi seguro de que no había actuado con tanto ímpetu. Miró a su compañero, que al igual que éste estaba un tanto impactado por la situación, aunque no de sobremanera. Por suerte o por desgracia, éste contestó que ya estaba así cuando llegaron. Casi parecía una excusa sacada de unos dibujos animados, pero era así...
La chica, aparentemente un poco mas calmada, enjugó sus lágrimas y buscó con la mirada el ventanal del que parecía haber salido su nuevo y muerto amigo. Etsu quedó señalando al fiambre, sin saber muy bien qué decir, qué excusar.
—Está... está... —muerto, así era, aunque las palabras sobraban.
Fue en ese preciso momento que el chico buscó con la mirada al hombre que se había lanzado contra la chica. Quizás quería echarle un sermón, por una mala práctica de lo que debía hacerse en intimidad, o simplemente por abalanzarse sobre una chica sin derecho alguno... sus orbes quedaron abiertos como platos al darse cuenta de que el hombre ni había reaccionado al empujón. Sus entrañas decoraban el suelo, así como un enorme surco de sangre.
Antes de hablar, o siquiera pensar el chico desvió la mirada hacia sus rodillas. Evidentemente, también estaban manchadas de sangre. La chica también, no era menos. Todo lo estaba, la sangre se había vuelto casi como la espuma en una fiesta universitaria.
«Os-»tras... —pensó en voz alta.
No había sido cosa suya, estaba casi seguro de que no había actuado con tanto ímpetu. Miró a su compañero, que al igual que éste estaba un tanto impactado por la situación, aunque no de sobremanera. Por suerte o por desgracia, éste contestó que ya estaba así cuando llegaron. Casi parecía una excusa sacada de unos dibujos animados, pero era así...
La chica, aparentemente un poco mas calmada, enjugó sus lágrimas y buscó con la mirada el ventanal del que parecía haber salido su nuevo y muerto amigo. Etsu quedó señalando al fiambre, sin saber muy bien qué decir, qué excusar.
—Está... está... —muerto, así era, aunque las palabras sobraban.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~