23/06/2018, 00:49
Uno de los miembros de la guardia destacó el detalle, apenas ineludible, de las bandanas de sendos genin. Éste lo dijo como exculpación, como un motivo por el cuál no debían dudar de ellos. Sin embargo, el que parecía ser el líder de ese escuadrón, zanjó que ya se había dado cuenta, además de que sentenció lo sucedido como una trifulca entre ambos shinobis y con consecuencia de una victima civil. Etsu quedó atónito ante tal comentario, era un líder de escuadrón... ¿cómo podía hacer semejantes juicios sin prueba alguna?
La chica no tardó en intervenir, recalcó que lo que Etsu decía era cierto, además de que señaló el lugar del que al parecer procedía el cadáver. Todos buscaron con brusquedad el sitio señalado, encontrando allí una cristalera totalmente hecha añicos. Sin demora alguna, el hombre impuso una serie de condiciones para darles una oportunidad de mostrar su inocencia a los genin. Obviamente, no querían ningún tipo de jutsu evasivo ni leches, estaba claro que el hombre ya se había tenido que topar con algún renegado o similar.
Etsu alzó las manos, mostrando que claramente no tenía intención de hacer nada en contra de lo propuesto.
Casi al instante, tras una señal del hombre, éste y uno de los guardia salieron a toda mecha directos a explorar el objetivo. Tras un rato, el hombre asomó por la ventana, blasfemando a saber qué. Rápidamente, instó en que dejasen a los shinobis, pero rápidamente los requirió arriba —los genin, y al cadáver— mientras que al resto del personal los mandó a mantener un perímetro, así como arrestar a cualquier tipo sospechoso.
«Diantres... ¿qué está pasando aquí? ¿cómo me meto en éstos líos siempre?»
Seguramente, Akane pensaba lo mismo.
El soldado reseñado para encargarse de arrastrar el cadáver y llevar a los shinobis, alentó a que cumpliesen la orden del capitán. Etsu y Akane se dispusieron a ello, pero rápidamente tuvieron que llevar los ojos a la chica. La kunoichi se veía afectada por el golpe, concretamente su tobillo. Sin miramientos, el soldado inquirió que el Inuzuka ayudase a su amiga mientras que él arrastraba desde las muñecas al muerto. De los jalones, casi parecía dispuesto a partirse por la mitad el fiambre.
Etsu dejó caer un suspiro —está bien, está bien... —respondió, pero no era a la chica, y ni mucho menos al soldado. Tras realizar un sello, su can tomó una apariencia idéntica a la del rastas, salvo que tenía unos colmillos un poco mas marcados, y algunos detalles que casi lo hacían ver asalvajado.
»Yo la ayudo a ella, y tu al soldado.
Con las cosas claras, Etsu buscó ayudar a Karma, mientras que su clon tomaría las piernas del fiambre y ayudaría al hombre a arrastrar al muerto hacia donde se encontraba el capitán.
La chica no tardó en intervenir, recalcó que lo que Etsu decía era cierto, además de que señaló el lugar del que al parecer procedía el cadáver. Todos buscaron con brusquedad el sitio señalado, encontrando allí una cristalera totalmente hecha añicos. Sin demora alguna, el hombre impuso una serie de condiciones para darles una oportunidad de mostrar su inocencia a los genin. Obviamente, no querían ningún tipo de jutsu evasivo ni leches, estaba claro que el hombre ya se había tenido que topar con algún renegado o similar.
Etsu alzó las manos, mostrando que claramente no tenía intención de hacer nada en contra de lo propuesto.
Casi al instante, tras una señal del hombre, éste y uno de los guardia salieron a toda mecha directos a explorar el objetivo. Tras un rato, el hombre asomó por la ventana, blasfemando a saber qué. Rápidamente, instó en que dejasen a los shinobis, pero rápidamente los requirió arriba —los genin, y al cadáver— mientras que al resto del personal los mandó a mantener un perímetro, así como arrestar a cualquier tipo sospechoso.
«Diantres... ¿qué está pasando aquí? ¿cómo me meto en éstos líos siempre?»
Seguramente, Akane pensaba lo mismo.
El soldado reseñado para encargarse de arrastrar el cadáver y llevar a los shinobis, alentó a que cumpliesen la orden del capitán. Etsu y Akane se dispusieron a ello, pero rápidamente tuvieron que llevar los ojos a la chica. La kunoichi se veía afectada por el golpe, concretamente su tobillo. Sin miramientos, el soldado inquirió que el Inuzuka ayudase a su amiga mientras que él arrastraba desde las muñecas al muerto. De los jalones, casi parecía dispuesto a partirse por la mitad el fiambre.
Etsu dejó caer un suspiro —está bien, está bien... —respondió, pero no era a la chica, y ni mucho menos al soldado. Tras realizar un sello, su can tomó una apariencia idéntica a la del rastas, salvo que tenía unos colmillos un poco mas marcados, y algunos detalles que casi lo hacían ver asalvajado.
»Yo la ayudo a ella, y tu al soldado.
Con las cosas claras, Etsu buscó ayudar a Karma, mientras que su clon tomaría las piernas del fiambre y ayudaría al hombre a arrastrar al muerto hacia donde se encontraba el capitán.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~