5/07/2018, 21:15
Una caída desde un lugar como aquel podría suponer una muerte rápida pero dolorosa si te golpeabas contra alguna roca o contra el suelo. Sin embargo, si caías al agua a lo que aspirabas era a partirte un par de huesos o quizás quedarte invalido. Por muy soldado entrenado que fueras. Por eso, suicidarse saltando desde una de las estatuas de los Kages parecía una tremenda estupidez y jamás llegó a comprender lo que sucedió frente a mis ojos.
Como allí no había nadie más, no fue difícil escuchar el ruido de alguien precipitándose al vacío y chocando contra las frías aguas de aquel lago. Además de que el sonido del golpe asusto a los pájaros de la zona y no pude evitar sentir curiosidad.
—Creo que esa ha sido la forma mas lamentable de intentar suicidarte que he visto en mi vida. Eso o se trata de algún masoca al que le gusta el dolor, por que vaya, una caída así duele, por mucho que el agua parezca blandita.
De todos modos ¿Quién era yo para juzgar a nadie? Era la primera vez que visitaba el valle del fin. Y oye, era un nombre apropiado para un sitio al que ir a suicidarse, la muerte era el fin de la vida. Y Aunque sabia de sobra que su nombre no se debía a eso, aquel pensamiento comenzó a sembrar en mí algunas dudas.
—¡Oye! —Le grité al chico desde las alturas, al fin y al cabo, gritarle era la única manera de comunicarme con él. —¡Hay meneras mejores y menos indoloras de encontrar la paz, si quieres, yo mismo puedo ayudarte!
Como allí no había nadie más, no fue difícil escuchar el ruido de alguien precipitándose al vacío y chocando contra las frías aguas de aquel lago. Además de que el sonido del golpe asusto a los pájaros de la zona y no pude evitar sentir curiosidad.
—Creo que esa ha sido la forma mas lamentable de intentar suicidarte que he visto en mi vida. Eso o se trata de algún masoca al que le gusta el dolor, por que vaya, una caída así duele, por mucho que el agua parezca blandita.
De todos modos ¿Quién era yo para juzgar a nadie? Era la primera vez que visitaba el valle del fin. Y oye, era un nombre apropiado para un sitio al que ir a suicidarse, la muerte era el fin de la vida. Y Aunque sabia de sobra que su nombre no se debía a eso, aquel pensamiento comenzó a sembrar en mí algunas dudas.
—¡Oye! —Le grité al chico desde las alturas, al fin y al cabo, gritarle era la única manera de comunicarme con él. —¡Hay meneras mejores y menos indoloras de encontrar la paz, si quieres, yo mismo puedo ayudarte!
