7/07/2018, 16:43
Casi una semana de viaje y todavía no había alcanzado su destino.
Dos días soportando el azote del frío y la nieve. No estaba acostumbrada a un clima así, proveniente del País de la Espiral como era. ¿Merecía la pena haber emprendido esa marcha? Karma se sentía inclinada a decir que no, por mucho que se pudiese discutir que aquella odisea resultaría ser un buen entrenamiento. La genin solo quería encontrar Yukio de una maldita vez y refugiarse en una posada, lo más cerca de la hoguera como fuese posible.
Iba vestida con una camiseta de manga larga de color rojo oscuro, unos pantalones largos azul marino y sus sandalias de siempre. Por encima de todo ello portaba una capa de viaje de color arena —casi se había convertido en blanco por los copos de nieve que llovían de vez en cuando— que le alcanzaba hasta las pantorillas y tenía capucha. Avanzaba todo lo arrebujada que podía, tapándose el cuerpo con la capa y buena parte del rostro con la capucha.
De su portador de objetos, kit médico o placa identificativa de Uzu no había rastro. Todo estaba a buen recaudo en una mochila militar, negra, que tenía colgada a la espalda. La ya mencionada también escondía un saco de dormir y las provisiones necesarias para tal ida y tal vuelta. Así mismo, se había recogido el cabello en una coleta baja que reposaba sobre su pescuezo y espalda.
Y es que Kojima Karma se había perdido. Albergaba un importante motivo personal por el que quería viajar hasta la recóndita Yukio, pero era la primera vez que emprendía un viaje de esas proporciones y su inexperiencia le jugó malas pasadas, como cabe esperar. Nada importante, cosillas y errores de novato que uno nunca vuelve a sufrir. Percances necesarios para la mejora como trotador de mundos.
Pero ahora estaba en las Tierras Nevadas del Norte del País de la Tormenta y se había perdido. La falta de puntos de referencia en un paraje así la había terminado confundiendo, a pesar de que portaba un mapa consigo. Los desagradables bocados de los copos de nieve, la severidad de la temperatura y el afilado viento iban desgastándola poco a poco.
Aún quedaba mucho día por delante, horas de luz más que de sobra como para alcanzar la ciudad y descansar, pero claro, ¿en qué dirección debía dirigirse?
—En menuda me he metido... —dijo para sí, su aliento transformándose en una visible y pálida neblina.
Continuó caminando hacia el norte, aunque ella creía que era el este, atravesando la llanura nevada en la que estaba. Si no encontraba refugio pronto, su vida bien podría estar en peligro eventualmente.
Y el único testigo de todo ello era el melodioso sonido de la nieve crujiendo bajo sus sandalias.
Dos días soportando el azote del frío y la nieve. No estaba acostumbrada a un clima así, proveniente del País de la Espiral como era. ¿Merecía la pena haber emprendido esa marcha? Karma se sentía inclinada a decir que no, por mucho que se pudiese discutir que aquella odisea resultaría ser un buen entrenamiento. La genin solo quería encontrar Yukio de una maldita vez y refugiarse en una posada, lo más cerca de la hoguera como fuese posible.
Iba vestida con una camiseta de manga larga de color rojo oscuro, unos pantalones largos azul marino y sus sandalias de siempre. Por encima de todo ello portaba una capa de viaje de color arena —casi se había convertido en blanco por los copos de nieve que llovían de vez en cuando— que le alcanzaba hasta las pantorillas y tenía capucha. Avanzaba todo lo arrebujada que podía, tapándose el cuerpo con la capa y buena parte del rostro con la capucha.
De su portador de objetos, kit médico o placa identificativa de Uzu no había rastro. Todo estaba a buen recaudo en una mochila militar, negra, que tenía colgada a la espalda. La ya mencionada también escondía un saco de dormir y las provisiones necesarias para tal ida y tal vuelta. Así mismo, se había recogido el cabello en una coleta baja que reposaba sobre su pescuezo y espalda.
Y es que Kojima Karma se había perdido. Albergaba un importante motivo personal por el que quería viajar hasta la recóndita Yukio, pero era la primera vez que emprendía un viaje de esas proporciones y su inexperiencia le jugó malas pasadas, como cabe esperar. Nada importante, cosillas y errores de novato que uno nunca vuelve a sufrir. Percances necesarios para la mejora como trotador de mundos.
Pero ahora estaba en las Tierras Nevadas del Norte del País de la Tormenta y se había perdido. La falta de puntos de referencia en un paraje así la había terminado confundiendo, a pesar de que portaba un mapa consigo. Los desagradables bocados de los copos de nieve, la severidad de la temperatura y el afilado viento iban desgastándola poco a poco.
Aún quedaba mucho día por delante, horas de luz más que de sobra como para alcanzar la ciudad y descansar, pero claro, ¿en qué dirección debía dirigirse?
—En menuda me he metido... —dijo para sí, su aliento transformándose en una visible y pálida neblina.
Continuó caminando hacia el norte, aunque ella creía que era el este, atravesando la llanura nevada en la que estaba. Si no encontraba refugio pronto, su vida bien podría estar en peligro eventualmente.
Y el único testigo de todo ello era el melodioso sonido de la nieve crujiendo bajo sus sandalias.