9/07/2018, 18:29
Katame se agachó, hincando una rodilla en el suelo, para dejar pasar la bola dirigida a su pecho por encima de su cabeza. Las tres esferas de agua colisionaron contra las paredes de madera, destrozándolas y dejando tres huecos como tres soles. Eran como tres ventanas, desde donde se podía ver la superficie del mar a muy poquita distancia.
—¡Hijoperra! ¡Deja de destrozar mi barco!
Recuperó la Enviudadora, mientras veía como aquel pesado se escurría por la puerta que daba a los camarotes. Katame la echó abajo de una patada.
—Sal, ratita, sal. Ven con papá.
Como ya se había mencionado, aquel pasillo estaba compuesto por tres puertas a cada lado. Al final de éste, unas escaleras que bajaban a la bodega.
—¡Hijoperra! ¡Deja de destrozar mi barco!
Recuperó la Enviudadora, mientras veía como aquel pesado se escurría por la puerta que daba a los camarotes. Katame la echó abajo de una patada.
—Sal, ratita, sal. Ven con papá.
Como ya se había mencionado, aquel pasillo estaba compuesto por tres puertas a cada lado. Al final de éste, unas escaleras que bajaban a la bodega.
