12/07/2018, 13:33
Tres días más tarde…
La vida de un ninja era dura, y más la de un genin. Sino que se lo dijesen a Azuma Jiro, más conocido como el Recadero. Todo había empezado una triste tarde de otoño. Hasta aquel entonces, un niño normal, que jugaba con otros niños, acudía a clase, y sacaba unas notas respetables. Hasta que llegó aquel fatídico día.
Jamás lo olvidaría.
—Lleva esta carta a Uzumaki Keiji —Le había pedido su sensei. ¿Por qué le había elegido a él, y no a cualquiera de sus veinte compañeros de clase? Solo los Dioses lo sabían. El caso es que se lo había pedido a él, y ahí, en ese momento, daría comienzo la odisea que daría pie a su apodo.
Porque resultaba que Uzumaki Keiji también tenía un mensaje que enviar. Y Uchiha Roujo. Y Hozuki Pou, más conocido como Malasaña. Y así consecutivamente, en una cadena de mensajes que parecía no tener fin. Pero Jiro cumplió con su cometido, vaya si cumplió. Con una diligencia y una profesionalidad sin igual. Profesionalidad… Eso era lo que verdaderamente le caracterizaba. Jiro el Profesional. Ese tendría que haber sido su apodo.
El problema con los apodos —y con los nombres—, es que uno no puede elegirlos: se lo eligen.
Total, que todo había sido para algún tipo de cumpleaños sorpresa extravagante. Jiro había sido invitado por uno de ellos, y los chūnins y jōnin que poblaban la fiesta empezaron a presentarle como:
—Azuma Jiro. Ya sabes, el recadero.
Y ya saben que los rumores —especialmente los que a uno no le interesan— se corre como la pólvora. En cuanto llegó a su clase, Jiro quedó marcado de por vida. Y era por eso que, ahora, cada vez que alguien le veía, consideraba muy buena idea encargarle un recado. Como era aquella ocasión.
Tocó a la puerta de la vivienda tres veces.
—¡Umikiba Kaido! —exclamó—. ¡Se requiere de su presencia en el Edificio de la Arashikage!
