11/09/2015, 12:46
Sin duda alguna, las noches veraniegas era lo que más me agradaba de aquella estación calurosa, una buena noche en la que la luna se asomaba tímida, me entregué en cuerpo y alma a aquella deliciosa lectura que me tenía embriagado hace ya tiempo, con aquellos párrafos impregnados en sabiduría, que por desgracia, su autor cayó en el olvido, y tenía afán por descubrir en su obra de quién se trataba, para venerarlo como era debido.
Después de satisfacer mi sed de conocimiento, decidí acostarme aprovechando de que era ya una hora prudente para ello. Y aún mi cabeza se encontraba dando vueltas a aquellos textos, cuando de repente un fuerte extruendo, acompañado de un ensordecedor ruido, cuya procedencia era una verdadera incógnita. Provocó que saliera de mi lecho como alma que lleva el diablo.
"¿¡Pero qué diantres pasa!?" Lo primero que me pasó por la cabeza fue, que se trataría de algunos graciosos que daban la bienvenida a la gran cacería que se llevaba a cabo todos los veranos, antigua tradición en Kusagakure. Pero por desagracia salí rápidamente de mi error, cuando la onda expansiva sacudió mi humilde casa con violencia y arrasó las ventanas de mi habitación, descubriendo el origen en el acto.
-!Por todos los Dioses! Exclamé al ver a mi abuelo exhausto que había salvado nuestra casa de la más absoluta destrucción, ejecutando una serie de muros de roca, uno detrás de otro, que sirvió para desviar lo que al parecer era la trayectoria de un proyectil que había arrasado todo a su paso, y pasó peligrosamente cerca de donde vivíamos.
"¡Oh no por favor!, ¡Que pare de una vez!"
La visión de la aldea era para mi, como una manifestación de mis más profundos temores, el más absoluto caos se había manifestado físicamente bajo el semblante de una bestia antinatural, cuyo aspecto parecido al de un equino de color blanquecino, y con rostro monstruoso... Solo necesité ver sus colas para averiguar de qué se trataba.
-¡Es un bijuu! ¡Ha aparecido un bijuu! Grité en vano, pues el sonido de la destrucción apagó mi voz, acompañado de los alaridos de aquella bestia que inspiraba terror por todos sus poros, y lo que más doloroso me resultó, fue los gritos de auxilio de la gente que había quedado atrapada por los escombros. Mi instinto me decía que huyera por mi vida, pero mi espíritu, clamaba por que ayudara a la gente que pedía auxilio.
Salté de la ventana de mi habitación a tierra firme, y comencé a seleccionar a quien podía ayudar para que salvara su vida, la situación era tan crítica que tenía que centrarme y seleccionar a aquellos que tuvieran la posibilidad de hacerlo, puesto que algunos, aún estando con vida, se encontraban tan seriamente heridos, y ya estaban condenados. Era tan dolorosa aquella visión, que no pude evitar derramar unas lágrimas al tener que sondear los cadáveres de mis vecinos a los que tan bien había conocido, y los restos amputados.
"Si existe algún Dios... que nos ayude ahora mismo..."
Después de satisfacer mi sed de conocimiento, decidí acostarme aprovechando de que era ya una hora prudente para ello. Y aún mi cabeza se encontraba dando vueltas a aquellos textos, cuando de repente un fuerte extruendo, acompañado de un ensordecedor ruido, cuya procedencia era una verdadera incógnita. Provocó que saliera de mi lecho como alma que lleva el diablo.
"¿¡Pero qué diantres pasa!?" Lo primero que me pasó por la cabeza fue, que se trataría de algunos graciosos que daban la bienvenida a la gran cacería que se llevaba a cabo todos los veranos, antigua tradición en Kusagakure. Pero por desagracia salí rápidamente de mi error, cuando la onda expansiva sacudió mi humilde casa con violencia y arrasó las ventanas de mi habitación, descubriendo el origen en el acto.
-!Por todos los Dioses! Exclamé al ver a mi abuelo exhausto que había salvado nuestra casa de la más absoluta destrucción, ejecutando una serie de muros de roca, uno detrás de otro, que sirvió para desviar lo que al parecer era la trayectoria de un proyectil que había arrasado todo a su paso, y pasó peligrosamente cerca de donde vivíamos.
"¡Oh no por favor!, ¡Que pare de una vez!"
La visión de la aldea era para mi, como una manifestación de mis más profundos temores, el más absoluto caos se había manifestado físicamente bajo el semblante de una bestia antinatural, cuyo aspecto parecido al de un equino de color blanquecino, y con rostro monstruoso... Solo necesité ver sus colas para averiguar de qué se trataba.
-¡Es un bijuu! ¡Ha aparecido un bijuu! Grité en vano, pues el sonido de la destrucción apagó mi voz, acompañado de los alaridos de aquella bestia que inspiraba terror por todos sus poros, y lo que más doloroso me resultó, fue los gritos de auxilio de la gente que había quedado atrapada por los escombros. Mi instinto me decía que huyera por mi vida, pero mi espíritu, clamaba por que ayudara a la gente que pedía auxilio.
Salté de la ventana de mi habitación a tierra firme, y comencé a seleccionar a quien podía ayudar para que salvara su vida, la situación era tan crítica que tenía que centrarme y seleccionar a aquellos que tuvieran la posibilidad de hacerlo, puesto que algunos, aún estando con vida, se encontraban tan seriamente heridos, y ya estaban condenados. Era tan dolorosa aquella visión, que no pude evitar derramar unas lágrimas al tener que sondear los cadáveres de mis vecinos a los que tan bien había conocido, y los restos amputados.
"Si existe algún Dios... que nos ayude ahora mismo..."