6/08/2018, 22:56
Ambos prestaron atención al pobre Etsu, que reveló como buenamente pudo que había algo terriblemente apestoso tras la puerta. El simple recuerdo de la experiencia le superó, anulando el poco aguante que le quedaba a su estómago. El ya mencionado sacó parte de su cuerpo por la ventana y se puso a vomitar sin miramientos, mientras que su compañero canino lo imitó pero primero trató de retonar a la calle, aunque solo logró alcanzar las escaleras antes de liberar su carga.
Basta decir que aunque ninguno de los dos presentes necesitó presenciar el vómito, sí que percibieron sin problema alguno la bella sinfonía que la acción generaba. "Afortunadamente" el olor de la habitación era ya tan repugnante que, sumado al hecho de que ni Etsu ni Akane habían rendido el contenido de sus entrañas allí mismo, no se notó ni una pizca de diferencia en ese departamento.
—Pobrecillo —afirmó el capitán, divertido.
Karma negó con la cabeza y continuó la autopsia como si no hubiese pasado nada.
—Pero a ver qué demonios hay aquí dentro...
Hidetaka caminó hasta la puerta en cuestión y la abrió de golpe, como si esperara encontrarse con el asesino tras ella. En realidad lo único que había era un pequeño baño con un inodoro, una toalla y poco más.
—¡Joder, pues sí que huele mal! —exclamó de inmediato, tapándose la boca y nariz con su antebrazo derecho.
Era cierto: tan pronto el capitán abrió la puerta una nueva ola de hedor se desplazó por la habitación. Karma puso cara de asco pero trató de ignorar el mal olor centrándose en la autopsia.
Sobre el inodoro, que tenía la tapa bajada, había un bote de pintura roja, abierto. El militar se aproximó a este y lo tomó, cargando con él hasta el centro de la habitación, donde lo dejó reposar sobre el suelo.
Parecía que era el causante del olor —excluyendo la sangre, las tripas, el cadáver, etcétera...—. En su interior flotaba una mezcla inhumana de pintura y vómito de origen desconocido. La mezcla del producto con el deshecho humano era la culpable de esa hedor paralizante. Por algún motivo parecía que esos dos elementos combinados eran extremadamente apestosos.
—¿Y quién anda vomitando en botes de pintura...?
Basta decir que aunque ninguno de los dos presentes necesitó presenciar el vómito, sí que percibieron sin problema alguno la bella sinfonía que la acción generaba. "Afortunadamente" el olor de la habitación era ya tan repugnante que, sumado al hecho de que ni Etsu ni Akane habían rendido el contenido de sus entrañas allí mismo, no se notó ni una pizca de diferencia en ese departamento.
—Pobrecillo —afirmó el capitán, divertido.
Karma negó con la cabeza y continuó la autopsia como si no hubiese pasado nada.
—Pero a ver qué demonios hay aquí dentro...
Hidetaka caminó hasta la puerta en cuestión y la abrió de golpe, como si esperara encontrarse con el asesino tras ella. En realidad lo único que había era un pequeño baño con un inodoro, una toalla y poco más.
—¡Joder, pues sí que huele mal! —exclamó de inmediato, tapándose la boca y nariz con su antebrazo derecho.
Era cierto: tan pronto el capitán abrió la puerta una nueva ola de hedor se desplazó por la habitación. Karma puso cara de asco pero trató de ignorar el mal olor centrándose en la autopsia.
Sobre el inodoro, que tenía la tapa bajada, había un bote de pintura roja, abierto. El militar se aproximó a este y lo tomó, cargando con él hasta el centro de la habitación, donde lo dejó reposar sobre el suelo.
Parecía que era el causante del olor —excluyendo la sangre, las tripas, el cadáver, etcétera...—. En su interior flotaba una mezcla inhumana de pintura y vómito de origen desconocido. La mezcla del producto con el deshecho humano era la culpable de esa hedor paralizante. Por algún motivo parecía que esos dos elementos combinados eran extremadamente apestosos.
—¿Y quién anda vomitando en botes de pintura...?