16/08/2018, 17:06
—¿Cómo que he tardado mucho en encontrarlo? —preguntó, ceñuda —. ¡Pero si he tardado menos que antes!
El can ladró otra vez mientras posaba una de sus patas sobre el objeto en cuestión: era una piedra esférica, con un color amarillo oscuro.
—¡Vale, vale! —exclamó frente a los incesantes ladridos del perro, y se cruzó de brazos —. Es la última vez que le pido a Nabi que vengas conmigo, ¡y yo que pensaba que serías de ayuda!
El perro pareció cabrearse con lo que la joven acababa de decir, por lo que gruñó y se tumbó en el suelo, girando la cabeza hacia un lado.
—¡Oh, venga! —se quejó —. Stuffy... —suspiró—. Venga, si me estás ayudando mucho, vamos, escóndela otra vez, que lo estamos haciendo muy bien...
El susodicho bufó y se giró levemente a mirar a la kunoichi, quien comenzaba a exhasperarse.
—Tu ganas, nos tomamos un descanso.
Y la pelirroja se sentó frente al can, acercando la mochila que reposaba a su derecha para sacar una botella de agua —con el calor ya comenzaba a estar natural— y un par de galletas para el perro, que acercó hasta ponerlas frente a su hocico.
«Estúpido perro cabezón...»
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)