31/08/2018, 19:07
Estaba fijándome en las personas de mi alrededor, con la cantidad de shinobis extranjeros que se nos habían colado era cuestión de tiempo detectar a alguno de Amegakure. Olerían a pescado o a gato mojado y seguramente llevasen paraguas, muchos paraguas. Aunque Aotsuki Ayame no había tenido ninguna de esas características. Cada vez era más obvio que aquella arpía hacía lo imposible para disimular y parecer buena gente y entonces te apuñalaba por la espalda.
Bueno, buscaba un shinobi de Amegakure para ver si podía decirme donde encontrar a la tal Ayame y entonces preguntarle a ella, en un lugar público, con gente mirando, mucha gente a ser posible, si llevaba una bestia gigante con colas dentro. Confiaba en el ladrido de Stuffy, digo, en su palabra, pero por asegurarme antes de plantarme ante mi desconocido kage y darle la buena nueva.
En cualquier caso, ya había escrito en mi diario todo lo sucedido y, en caso de verme en peligro, se lo llevaría a Datsue o a Eri antes de encontrarme con la peligrosa y agresiva Aotsuki Ayame.
—Buenas tardes, ¿me podrías decir dónde compraste ese helado?—
En mi hilo de pensamiento no había reparado en el muchacho que formulaba esa pregunta, y ¿cómo podía eso ser? Pues era evidente, tan extraño y perturbador como evidente, ese chico, no, olía. No olía a nada. Stuffy se puso de pie de golpe, tenso y a punto de lanzarse a por él. Me levanté del banco de inmediato y le señalé a Stuffy que se calmase.
— Buenas tardes, caballero. — acerqué mi dedo indice hasta tocar el hombro del recien llegado. — Perdona, es que no hueles y mi compañero pensaba que eras alguna especie de sicario fantasmal enviado a matarnos o a torturarnos.
Dicho lo cual le miré de arriba a abajo, viendo su portaobjetos y su bandana en el proceso. Como si Shiona-sama me hubiese dado su visto bueno para mi plan.
— Em, sí, el helado. Te acompaño, si no te importa, así me aseguro de que no te pierdas, este jardín no trata bien a los que no se saben todos los caminos. En fin, — eché a andar esperando que me siguiese. — Inuzuka Nabi, ese soy yo. Gennin de Uzushiogakure, y tú eres...
Aquel chico era la puerta hacia el mundo de la oscuridad, que sería Amegakure, y ahora estaríamos en el de la luz, que era Uzushiogakure. En cualquier caso, Stuffy no estaba por la labor, ya que se mantenía tan alejado de él como podía pero sin dejar de mirarle fijamente con una clara intención de gruñirle en cualquier momento que dijese algo que no le convenciera.
Bueno, buscaba un shinobi de Amegakure para ver si podía decirme donde encontrar a la tal Ayame y entonces preguntarle a ella, en un lugar público, con gente mirando, mucha gente a ser posible, si llevaba una bestia gigante con colas dentro. Confiaba en el ladrido de Stuffy, digo, en su palabra, pero por asegurarme antes de plantarme ante mi desconocido kage y darle la buena nueva.
En cualquier caso, ya había escrito en mi diario todo lo sucedido y, en caso de verme en peligro, se lo llevaría a Datsue o a Eri antes de encontrarme con la peligrosa y agresiva Aotsuki Ayame.
—Buenas tardes, ¿me podrías decir dónde compraste ese helado?—
En mi hilo de pensamiento no había reparado en el muchacho que formulaba esa pregunta, y ¿cómo podía eso ser? Pues era evidente, tan extraño y perturbador como evidente, ese chico, no, olía. No olía a nada. Stuffy se puso de pie de golpe, tenso y a punto de lanzarse a por él. Me levanté del banco de inmediato y le señalé a Stuffy que se calmase.
— Buenas tardes, caballero. — acerqué mi dedo indice hasta tocar el hombro del recien llegado. — Perdona, es que no hueles y mi compañero pensaba que eras alguna especie de sicario fantasmal enviado a matarnos o a torturarnos.
Dicho lo cual le miré de arriba a abajo, viendo su portaobjetos y su bandana en el proceso. Como si Shiona-sama me hubiese dado su visto bueno para mi plan.
— Em, sí, el helado. Te acompaño, si no te importa, así me aseguro de que no te pierdas, este jardín no trata bien a los que no se saben todos los caminos. En fin, — eché a andar esperando que me siguiese. — Inuzuka Nabi, ese soy yo. Gennin de Uzushiogakure, y tú eres...
Aquel chico era la puerta hacia el mundo de la oscuridad, que sería Amegakure, y ahora estaríamos en el de la luz, que era Uzushiogakure. En cualquier caso, Stuffy no estaba por la labor, ya que se mantenía tan alejado de él como podía pero sin dejar de mirarle fijamente con una clara intención de gruñirle en cualquier momento que dijese algo que no le convenciera.
—Nabi—
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