Los días en el País de la Tierra habían acabado. Ya desde hacia varios metros el calvo podía ver como tras un acantilado comenzaban otro territorio. Ese lugar era la frontera, era la división de países que naturalmente tomaron los señores feudales. La separación entre el País de la Tierra y el País del Bosque era el Puente Tenchi. Era uno largo, y también ancho, bastante. Era simple y de madera pero robusto y resistente. Karamaru lo cruzó a paso lento pero seguro, disfrutaba poder ver el Sol con toda su plenitud antes de volverse a meter en el bosque.
Sin embargo, pronto se daría cuenta que este era diferente al anterior. Poco a poco se hacía cada vez más oscuro y el ambiente seco de antes se convertía a uno húmedo y molesto. Los árboles comunes que venían acompañando al shinobi pasaron a ser unos de tronco grueso y con ramas cada vez mas raras. En un instante, Karamaru se dio cuenta de lo que pasaba, que era lo que hacía todo su ambiente diferente.
Tras mirar para arriba, se dio cuenta que las ramas no eran ramas y que esas cosas extrañas terminaban en un gran y amplio redondel. Giro su cabeza, como un perro cuando no entiendo algo, y ahí fue cuando se avivó de que eran hongos. Hongos gigantes se encontraban a su alrededor, ninguno como los pequeños que había visto durante su corta vida. Eran feos, y tenían mal olor. Salían de los árboles y no del suelo, eran raros no solo por donde salían si no también por su tamaño.
«¿Cómo es que nunca los había visto?¿No se supone que yo ya pasé por aquí? Espera... eso es....»
Una persona. Había una persona arriba de uno de esos árboles. Estaba en la copa, lejos del suelo, pero se veía lo suficiente como para llamarle la atención al calvo. Pero Karamaru no le llegaba a distinguir con nitidez, no se daba cuenta si era una persona u otra cosa. Pero salir de dudas, fuertemente grito.
¡HOLA! ¿¡ERES DE POR AQUI!? ¿¡QUE ES ESTE LUGAR!?
Sin embargo, pronto se daría cuenta que este era diferente al anterior. Poco a poco se hacía cada vez más oscuro y el ambiente seco de antes se convertía a uno húmedo y molesto. Los árboles comunes que venían acompañando al shinobi pasaron a ser unos de tronco grueso y con ramas cada vez mas raras. En un instante, Karamaru se dio cuenta de lo que pasaba, que era lo que hacía todo su ambiente diferente.
Tras mirar para arriba, se dio cuenta que las ramas no eran ramas y que esas cosas extrañas terminaban en un gran y amplio redondel. Giro su cabeza, como un perro cuando no entiendo algo, y ahí fue cuando se avivó de que eran hongos. Hongos gigantes se encontraban a su alrededor, ninguno como los pequeños que había visto durante su corta vida. Eran feos, y tenían mal olor. Salían de los árboles y no del suelo, eran raros no solo por donde salían si no también por su tamaño.
«¿Cómo es que nunca los había visto?¿No se supone que yo ya pasé por aquí? Espera... eso es....»
Una persona. Había una persona arriba de uno de esos árboles. Estaba en la copa, lejos del suelo, pero se veía lo suficiente como para llamarle la atención al calvo. Pero Karamaru no le llegaba a distinguir con nitidez, no se daba cuenta si era una persona u otra cosa. Pero salir de dudas, fuertemente grito.
¡HOLA! ¿¡ERES DE POR AQUI!? ¿¡QUE ES ESTE LUGAR!?
"El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro"
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
