19/09/2018, 22:19
Si Kazuma hubiese acudido cualquier otro día, seguramente se habría encontrado con dos personas al otro lado del mostrador de recepción. No fue ese el caso, ya que sólo vio a una mujer, ya entrada en la adultez, de cabellos tan verdes como la hierba que daba nombre a la aldea y recogidos en un apretado moño sobre su cabeza. Parecía concentrada, se afanaba por ordenar un taco de papeles en un archivador que ya de por sí parecía estar a punto de estallar.
—¡Oh! —la voz del genin la sobresaltó sobremanera, pero enseguida Yuna se recompuso y retrajo un mechón de cabello por detrás de su oreja. Una agradable sonrisa curvó sus labios cuando fijó sus ojos esmeraldas en el recién llegado—. ¡Buenos días! ¡Buenos días! ¿En qué puedo ayudarte?
Mientras hablaba mascaba algo; pero daba la sensación de ser algo bastante rígido y seco como para tratarse de un chicle normal y corriente.
