29/09/2018, 11:22
(Última modificación: 29/09/2018, 11:22 por Moyashi Kenzou.)
El genin musitó una disculpa y cuando rebuscó entre sus ropas y sacó varias monedas, la mujer clavó sus ojos en él con una nueva mirada. La mirada del dinero, la mirada del vendedor que quiere camelarse a su cliente.
—¡Oh, enseguida cielo! —respondió, con un cambio de actitud tan notable como esperpéntica.
Enseguida tomó un bote ya preparado con una buena mezcla de frutas coloridas, le roció un poco de canela por encima y se lo tendió junto a un par de manzanas rojas. Mientras contaba el dinero, atendió a la pregunta del muchacho y después señaló hacia un puesto que quedaba un par de filas más allá del suyo.
—Quizás el boticario Hatori sepa algo... —respondió, con cierta desgana.
—¡Oh, enseguida cielo! —respondió, con un cambio de actitud tan notable como esperpéntica.
Enseguida tomó un bote ya preparado con una buena mezcla de frutas coloridas, le roció un poco de canela por encima y se lo tendió junto a un par de manzanas rojas. Mientras contaba el dinero, atendió a la pregunta del muchacho y después señaló hacia un puesto que quedaba un par de filas más allá del suyo.
—Quizás el boticario Hatori sepa algo... —respondió, con cierta desgana.
