30/09/2018, 12:09
Y tal y como había ocurrido con la dependienta de la frutería, los ojos del hombre se ensombrecieron peligrosamente cuando a Kazuma no se le ocurrió otra cosa que ofrecerle un par de manzanas a cambio de su valiosa mercancía. Por muy deliciosas que lucieran aquellas frutas, quedaba claro que el chico no tenía una lengua demasiado persuasiva... y los mercaderes estaban acostumbrados a lidiar con situaciones así y más difíciles que aquellas.
—S... s... señor, n... no aceptamos t... t... trueques aquí —le replicó, sin tan siquiera dignarse a mirar las manzanas, claramente ofendido ante su atrevimiento—. L... lo... lo siento, p... pero si n... no tiene d... dinero real con el que pagar, d... d... debo pedirle que se marche. T... t... tengo muchos clientes a los que a... a... atender.
—S... s... señor, n... no aceptamos t... t... trueques aquí —le replicó, sin tan siquiera dignarse a mirar las manzanas, claramente ofendido ante su atrevimiento—. L... lo... lo siento, p... pero si n... no tiene d... dinero real con el que pagar, d... d... debo pedirle que se marche. T... t... tengo muchos clientes a los que a... a... atender.
