2/10/2018, 20:08
La vida había sido muy amable con el muchacho durante su infancia. Durante mucho tiempo su única preocupación era estudiar, entrenar, llegar temprano a casa y desvelarse mientras pensaba en el tema de la próxima canción que iba a componer. Sin embargo, el fin de la tranquilidad iba a llegar algún día, agarrando con la guardia baja al chico. "Genial. Que me toca graduarme cuando el bendito Tratado de Paz se rompe." No iba a negar que le generaba algo de incertidumbre el saber que pasaría en los días venideros, aunque tampoco era para darse de golpes en el pecho. "Ya ni qué. Hombre, al menos puedo aprovechar para salir de la aldea y conocer algo del mundo exterior, aunque no de la forma que me lo imaginaba."
Es así que agarró maletas para conocer otros lugares ajenos al País de la Lluvia, pensando que está seria quizás una oportunidad que no tendría en el futuro en caso de que el ambiente político fuese para peor. Tampoco salió con miras hacia ningún lado, pues de antemano había escuchado de un lugar dónde la fiesta es aún más intensa que en el Distrito Comercial: Tanzaku Gai. "¡Quien quita y me hago carrera cómo solista en un club nocturno! Así de paso me quito la pedrada de servir militarmente." Bromeó para sus adentros, pues aunque quisiera, no podía dejar el legado de su familia tirado o sería su propia madre quién le arrancaría la cabeza.
Fue así que llegó a la gran urbe del País del Fuego, dónde todo era incluso mejor de cómo se lo habían comentado. "¿Hombre cómo pude perderme esto durante toda mi vida?" Dijo con sus escasos 11 años.
De arriba para abajo cómo cabra desbocada, asomaba su carota en cada ventanal y cada local, curioseando cada rincón dónde no lo sacaba la seguridad por ser menor de edad. "¡Pero qué ya soy un shinobi hecho y derecho! ¿Eso no debería valerme la entrada?" Refunfuñaba para sí.
Entre su vaivén llegó a uno de los tantos restaurantes de la ciudad, entrando con paso firme y una sonrisa confianzuda al negocio que se encontraba abarrotado de comensales a la hora del almuerzo.
—¡Mesero, tráigame el especial del día!— Ordenó sin siquiera saber en qué demonios consistía el platillo.
"Vamos a ver, por aquí debería haber alguna mesa desocupada... espero." Se dijo mientras sus ojos escudriñaban en busca de un sitio vacío.
Es así que agarró maletas para conocer otros lugares ajenos al País de la Lluvia, pensando que está seria quizás una oportunidad que no tendría en el futuro en caso de que el ambiente político fuese para peor. Tampoco salió con miras hacia ningún lado, pues de antemano había escuchado de un lugar dónde la fiesta es aún más intensa que en el Distrito Comercial: Tanzaku Gai. "¡Quien quita y me hago carrera cómo solista en un club nocturno! Así de paso me quito la pedrada de servir militarmente." Bromeó para sus adentros, pues aunque quisiera, no podía dejar el legado de su familia tirado o sería su propia madre quién le arrancaría la cabeza.
Fue así que llegó a la gran urbe del País del Fuego, dónde todo era incluso mejor de cómo se lo habían comentado. "¿Hombre cómo pude perderme esto durante toda mi vida?" Dijo con sus escasos 11 años.
De arriba para abajo cómo cabra desbocada, asomaba su carota en cada ventanal y cada local, curioseando cada rincón dónde no lo sacaba la seguridad por ser menor de edad. "¡Pero qué ya soy un shinobi hecho y derecho! ¿Eso no debería valerme la entrada?" Refunfuñaba para sí.
Entre su vaivén llegó a uno de los tantos restaurantes de la ciudad, entrando con paso firme y una sonrisa confianzuda al negocio que se encontraba abarrotado de comensales a la hora del almuerzo.
—¡Mesero, tráigame el especial del día!— Ordenó sin siquiera saber en qué demonios consistía el platillo.
"Vamos a ver, por aquí debería haber alguna mesa desocupada... espero." Se dijo mientras sus ojos escudriñaban en busca de un sitio vacío.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
