10/10/2018, 15:34
(Última modificación: 10/10/2018, 15:36 por Moyashi Kenzou. Editado 1 vez en total.)
Suponiendo que la columna de humo podía tratarse de un incendio, el joven genin avanzó a través de la espesura por un sendero apenas marcado en el camino. Le llevaría algunos minutos llegar hasta el origen, y durante el trayecto tuvo la suerte de atisbar un zorro que salió corriendo con su mullida cola ondeando detrás de él en cuanto fue consciente de la presencia del shinobi.
No vio fuego, ni siquiera sintió calor, ni mucho menos llegó a oler a quemado. Lo que sí vio, pasadas varias filas de árboles, fue un claro de considerable tamaño, en cuyo centro se alzaba una modesta cabaña de madera y piedra de una sola planta. El humo procedía, precisamente, de la chimenea que coronaba el tejado.
A los oídos de Kazuma llegó un silbido seguido de un sonido seco y un golpe. Pasados unos segundos volvió a repetirse la secuencia. Si rodeaba la caseta, vería a un hombre en el costado del edificio con un hacha entre las manos y varios troncos a sus pies. Era alto y fornido,con una frondosa barba blanca que terminaba reposando slbre su pecho, y estaba vestido con ropas más bien desgastadas por el tiempo pero que debían abrigarle bien considerando el forro de piel que lucía. Antes de seguir con su tarea y tomar de nuevo el mango de su hacha, el hombre se secó el sudor de la frente con el antebrazo.
No vio fuego, ni siquiera sintió calor, ni mucho menos llegó a oler a quemado. Lo que sí vio, pasadas varias filas de árboles, fue un claro de considerable tamaño, en cuyo centro se alzaba una modesta cabaña de madera y piedra de una sola planta. El humo procedía, precisamente, de la chimenea que coronaba el tejado.
A los oídos de Kazuma llegó un silbido seguido de un sonido seco y un golpe. Pasados unos segundos volvió a repetirse la secuencia. Si rodeaba la caseta, vería a un hombre en el costado del edificio con un hacha entre las manos y varios troncos a sus pies. Era alto y fornido,con una frondosa barba blanca que terminaba reposando slbre su pecho, y estaba vestido con ropas más bien desgastadas por el tiempo pero que debían abrigarle bien considerando el forro de piel que lucía. Antes de seguir con su tarea y tomar de nuevo el mango de su hacha, el hombre se secó el sudor de la frente con el antebrazo.
