25/10/2018, 18:36
Aquel que dijese que en “el corazón de las cosas hermosas anida la oscuridad”, fue alguien muy prudente: el bosque era un lugar maravilloso, pero a medida que Kazuma se iba adentrando en el mismo, la luz del sol se hacía un bien cada vez más escaso. En respuesta a esto las plantas crecían con mayor ímpetu y voracidad, compitiendo las unas con las otras en su obtención de los preciados destellos.
—Eso es… —Se detuvo, escuchando el cantar del agua sobre las piedras.
Busco hasta dar con un riachuelo, pequeño y escondido. Decidió detenerse en él un momento y sumergir sus pies en el agua. Estaba sudado y pegajoso, puesto que de un área a otra la humedad y el calor habían aumentado muchísimo. Pensó en que no habría problema si se detenía unos segundos para arrojarse agua en el rostro y en los cabellos, y apreciar la rivera y sus exuberantes márgenes.
—Eso es… —Se detuvo, escuchando el cantar del agua sobre las piedras.
Busco hasta dar con un riachuelo, pequeño y escondido. Decidió detenerse en él un momento y sumergir sus pies en el agua. Estaba sudado y pegajoso, puesto que de un área a otra la humedad y el calor habían aumentado muchísimo. Pensó en que no habría problema si se detenía unos segundos para arrojarse agua en el rostro y en los cabellos, y apreciar la rivera y sus exuberantes márgenes.
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