6/11/2018, 17:50
(Última modificación: 6/11/2018, 17:53 por Uchiha Datsue. Editado 1 vez en total.)
Normalmente, una persona tiene un rasgo que le caracteriza, y por el que es recordado y conocido por la gente que le rodea. Moyashi Kenzou ha sido el protagonista de numerosas historias y leyendas, siendo adorado por algunos incluso como un Dios. Y, si hay algo que resaltan, eso es su resistencia.
Pero un servidor piensa que un adjetivo tan genérico, y que puede abarcar tanto, no le hace justicia. Un chico de trece años de metro setenta es considerado como alguien alto, sin ningún tipo de duda, por todo Oonindo. En cambio, si se le pone al lado de Shiten el Acaparador, el encargado del Edificio del Morikage por las mañanas, ya no lo parece tanto. Shiten, un gigante entre hombres. Y, aun así, ¿no parece pequeño si se le compara con un árbol? Y si ese mismo árbol se pone al lado del Árbol Sagrado, ¿no parece diminuto? Todo el mundo sabe que el Árbol Sagrado es el más grande y alto de todo Oonindo. Sin posible rival, ninguno llega a acercársele. Y pese a eso, si se le compara con una montaña, no es más que una pulga. Y lo mismo sucede con esta montaña si se compara con Oonindo, y a Oonindo con las estrellas…
¿Ven por dónde voy? Los adjetivos son relativos. En cambio, cuando hablamos de que Kenzou es resistente, es en términos absolutos. La punta del iceberg desde el que se mide el resto de cosas. A Kenzou se le puede comparar con un pedrusco, y será el pedrusco quien saldrá perdiendo. Se le puede comparar con una coraza, con una muralla de hormigón, con un diamante, y seguirá sin palidecer. A Kenzou-sama se le puede poner al lado de un muro de grafeno de veinte metros de grosor, y será el grafeno el primero en partirse.
A Kenzou-sama se le puede comparar con la abrupta pendiente de un acantilado, que ha resistido a la erosión y desgaste del mar, de las tormentas, del mismísimo paso del tiempo. Por milenios. Y, aún así, será el acantilado el primero en caer.
Por eso cuando la pata de la araña se precipitó hacia él, Kenzou-sama no se movió. ¿Acaso lo hacía la montaña, cuando alguien le tiraba un guijarro? El guijarro cayó sobre él, y el resultado fue el previsto: la montaña permaneció inmutable.
—Hmm… —Por una milésima de segundo, frunció el ceño. Luego, un gesto de… alivio—. ¡Oh, gracias! —exclamó sonriente, moviendo el hombro en círculos—. Lo tenía agarrotado de tanto escribir. —Prefirió no comentar que le había sentado como un masaje para no herir sensibilidades.
»Ahora sí, chicos. ¡Id con todo!
Y Moyashi Kenzou hizo lo que algunos temerían tanto como que otro sacase un auténtico arsenal de bombas y sellos explosivos de rango A. Hizo lo que a muchos provocaría un auténtico infarto, algunos de ellos incluso shinobis reputados, que habían tenido que enfrentarse al Nanabi en el País del Rayo para atraparlo.
Moyashi Kenzou descruzó los brazos…
… y alzó los puños en posición de guardia.
Daños recibidos: 15PV - 20PV = 0
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Pero un servidor piensa que un adjetivo tan genérico, y que puede abarcar tanto, no le hace justicia. Un chico de trece años de metro setenta es considerado como alguien alto, sin ningún tipo de duda, por todo Oonindo. En cambio, si se le pone al lado de Shiten el Acaparador, el encargado del Edificio del Morikage por las mañanas, ya no lo parece tanto. Shiten, un gigante entre hombres. Y, aun así, ¿no parece pequeño si se le compara con un árbol? Y si ese mismo árbol se pone al lado del Árbol Sagrado, ¿no parece diminuto? Todo el mundo sabe que el Árbol Sagrado es el más grande y alto de todo Oonindo. Sin posible rival, ninguno llega a acercársele. Y pese a eso, si se le compara con una montaña, no es más que una pulga. Y lo mismo sucede con esta montaña si se compara con Oonindo, y a Oonindo con las estrellas…
¿Ven por dónde voy? Los adjetivos son relativos. En cambio, cuando hablamos de que Kenzou es resistente, es en términos absolutos. La punta del iceberg desde el que se mide el resto de cosas. A Kenzou se le puede comparar con un pedrusco, y será el pedrusco quien saldrá perdiendo. Se le puede comparar con una coraza, con una muralla de hormigón, con un diamante, y seguirá sin palidecer. A Kenzou-sama se le puede poner al lado de un muro de grafeno de veinte metros de grosor, y será el grafeno el primero en partirse.
A Kenzou-sama se le puede comparar con la abrupta pendiente de un acantilado, que ha resistido a la erosión y desgaste del mar, de las tormentas, del mismísimo paso del tiempo. Por milenios. Y, aún así, será el acantilado el primero en caer.
Por eso cuando la pata de la araña se precipitó hacia él, Kenzou-sama no se movió. ¿Acaso lo hacía la montaña, cuando alguien le tiraba un guijarro? El guijarro cayó sobre él, y el resultado fue el previsto: la montaña permaneció inmutable.
—Hmm… —Por una milésima de segundo, frunció el ceño. Luego, un gesto de… alivio—. ¡Oh, gracias! —exclamó sonriente, moviendo el hombro en círculos—. Lo tenía agarrotado de tanto escribir. —Prefirió no comentar que le había sentado como un masaje para no herir sensibilidades.
»Ahora sí, chicos. ¡Id con todo!
Y Moyashi Kenzou hizo lo que algunos temerían tanto como que otro sacase un auténtico arsenal de bombas y sellos explosivos de rango A. Hizo lo que a muchos provocaría un auténtico infarto, algunos de ellos incluso shinobis reputados, que habían tenido que enfrentarse al Nanabi en el País del Rayo para atraparlo.
Moyashi Kenzou descruzó los brazos…
… y alzó los puños en posición de guardia.
Resistencia 140: Recibes 20 PV menos de daño ante cualquier daño directo que te inflijan.
Daños recibidos: 15PV - 20PV = 0
670/670
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