7/11/2018, 21:17
(Última modificación: 7/11/2018, 21:19 por Moyashi Kenzou. Editado 1 vez en total.)
Kazuma no tardó en darse cuenta de un preciado detalle ¡Aquel no era un árbol cualquiera! Y no sólo por aquel exótico color dorado de sus hojas, sino porque la descripción en cuanto a forma y tamaño era precisamente la que le habían dado. ¡Aquel era el preciado árbol de té que sólo crecía en los bosques del País del Bosque!
Lleno de alegría, buscó un palo con el que improvisar una prehistórica lanza con ayuda de hilo shinobi y un kunai. No tuvo problema alguno en encontrar uno que se ajustaba a la perfección a las necesidades del shinobi, pues el suelo bosque estaba lleno de ramas caídas. Sin embargo, cuando se disponía a cortar las hojas que necesitaba, escuchó una voz a sus espaldas.
—Vaya, vaya, ¡así que al final lo has encontrado! ¡Muchas gracias, chico!
Tras de sí se encontró con dos personas. Ambas de aspecto tosco y faltos de bandana que les identificara como shinobi, por lo que con toda probabilidad debían de tratarse de civiles. El que le había hablado era un hombre pelirrojo, bastante musculado y que sostenía entre sus manos una pesada porra. El otro que le acompañaba, algo más delgado pero igual de fibroso, no llevaba armas consigo pero los músculos de sus brazos hablaban por él.
—Con lo que has tardado ya creíamos que íbamos a tener que volver con las manos vacías... ¡Hatori-san se habría disgustado tanto!
Que le habían seguido y él no se había dado cuenta era un hecho. Aquel día, sin duda alguna, Kazuma aprendería muchas cosas. Y es que revelar los detalles de su misión a cualquiera persona que se encontrara era una muy mala idea. Incluso si se trataba de un pobre boticario tartamudo, pues la avaricia residía y envenenaba todos los corazones.
—Ahora te agradecería que cortaras todas esas hojas de té y nos las dieras —sonrió el pelirrojo, de forma maquiavélica.
Lleno de alegría, buscó un palo con el que improvisar una prehistórica lanza con ayuda de hilo shinobi y un kunai. No tuvo problema alguno en encontrar uno que se ajustaba a la perfección a las necesidades del shinobi, pues el suelo bosque estaba lleno de ramas caídas. Sin embargo, cuando se disponía a cortar las hojas que necesitaba, escuchó una voz a sus espaldas.
—Vaya, vaya, ¡así que al final lo has encontrado! ¡Muchas gracias, chico!
Tras de sí se encontró con dos personas. Ambas de aspecto tosco y faltos de bandana que les identificara como shinobi, por lo que con toda probabilidad debían de tratarse de civiles. El que le había hablado era un hombre pelirrojo, bastante musculado y que sostenía entre sus manos una pesada porra. El otro que le acompañaba, algo más delgado pero igual de fibroso, no llevaba armas consigo pero los músculos de sus brazos hablaban por él.
—Con lo que has tardado ya creíamos que íbamos a tener que volver con las manos vacías... ¡Hatori-san se habría disgustado tanto!
Que le habían seguido y él no se había dado cuenta era un hecho. Aquel día, sin duda alguna, Kazuma aprendería muchas cosas. Y es que revelar los detalles de su misión a cualquiera persona que se encontrara era una muy mala idea. Incluso si se trataba de un pobre boticario tartamudo, pues la avaricia residía y envenenaba todos los corazones.
—Ahora te agradecería que cortaras todas esas hojas de té y nos las dieras —sonrió el pelirrojo, de forma maquiavélica.
