8/11/2018, 04:03
Cuando la suerte parecía al fin tenderle su bella mano, esta se colocó fuera de su alcance, dejándole caer en las garras de los siempre acechantes problemas. Estos se presentaron en la forma de dos sujetos de aspecto rufianesco, musculosos y acostumbrados a dialogar en el lenguaje de la violencia.
—Que problemático —dijo, serena y lacónicamente.
—Ahora te agradecería que cortaras todas esas hojas de té y nos las dieras —sonrió el pelirrojo, de forma maquiavélica.
Kazuma se estuvo quieto unos instantes, observándoles y evaluando la situación fríamente. Aquel par de sujetos resultaban intimidantes, lo suficiente como para darle a entender que no lograría una victoria enfrentándose a ambos… El solo comparar las dimensiones de su bokken y de la porra que llevaba el matón pelirrojo, era como asemejar una tierna rama con un viejo tronco. Abandonando la posibilidad de enfrentarles, decidió obedecer en silencio y comenzar a cortar con cuidado las hojas del árbol, lenta y metódicamente. Segaba una, la recogía y la guardaba en una bolsa en el interior de su túnica, para mantener las manos desocupadas y continuar con su tarea.
—Pronto terminare —informo con cierta resignación.
Para aquel momento el peliblanco ya había aprendido dos lecciones importantes: la primera, era que debía manejar con discreción y responsabilidad la información que se le facilitaba para el cumplimiento de su misión; la segunda, era que, si necesitaba obtener la ubicación de determinado sitio, lo mejor era hacer que alguien siguiese a quien se dirigiese hacia allí… Y podía ser que dentro de poco aprendiese una tercera lección.
—¿Entienden ustedes lo que implica obstaculizar la misión de un ninja? ¿Es que no les importa perjudicar el trabajo de otros? —Era obvio que no lo sabían y que no les importaba, pero para él no estaba de más preguntar.
Arrojaría aquella pregunta mientras terminaba de recoger las ultimas hojas y se agachaba para desarma lentamente la lanza que había improvisado, su única arma visible y la única “amenaza” posible en contra de aquellos fortachones.
1AO
—Que problemático —dijo, serena y lacónicamente.
—Ahora te agradecería que cortaras todas esas hojas de té y nos las dieras —sonrió el pelirrojo, de forma maquiavélica.
Kazuma se estuvo quieto unos instantes, observándoles y evaluando la situación fríamente. Aquel par de sujetos resultaban intimidantes, lo suficiente como para darle a entender que no lograría una victoria enfrentándose a ambos… El solo comparar las dimensiones de su bokken y de la porra que llevaba el matón pelirrojo, era como asemejar una tierna rama con un viejo tronco. Abandonando la posibilidad de enfrentarles, decidió obedecer en silencio y comenzar a cortar con cuidado las hojas del árbol, lenta y metódicamente. Segaba una, la recogía y la guardaba en una bolsa en el interior de su túnica, para mantener las manos desocupadas y continuar con su tarea.
—Pronto terminare —informo con cierta resignación.
Para aquel momento el peliblanco ya había aprendido dos lecciones importantes: la primera, era que debía manejar con discreción y responsabilidad la información que se le facilitaba para el cumplimiento de su misión; la segunda, era que, si necesitaba obtener la ubicación de determinado sitio, lo mejor era hacer que alguien siguiese a quien se dirigiese hacia allí… Y podía ser que dentro de poco aprendiese una tercera lección.
—¿Entienden ustedes lo que implica obstaculizar la misión de un ninja? ¿Es que no les importa perjudicar el trabajo de otros? —Era obvio que no lo sabían y que no les importaba, pero para él no estaba de más preguntar.
Arrojaría aquella pregunta mientras terminaba de recoger las ultimas hojas y se agachaba para desarma lentamente la lanza que había improvisado, su única arma visible y la única “amenaza” posible en contra de aquellos fortachones.
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![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
