23/11/2018, 12:02
(Última modificación: 23/11/2018, 12:02 por Moyashi Kenzou.)
Lo que no se esperaban aquellos dos abusones del tres al cuarto es que Kazuma les hubiera preparado una sorpresa tan desagradable como la que sufrieron. El pelirrojo abrió la bolsa para comprobar lo que habían ganado. La bolsa pesaba bastante así que el shinobi debía de haberla llenado hasta arriba. Y no se equivocaban, las hojas doradas se amontonaban hasta casi desbordar la bolsa. Sin embargo, el peso no se debía sólo a eso. Desde luego, unas hojas no podían pesar tanto, y en cuanto metió la mano en la bolsa para rebuscar un poco dio con el engaño: una manzana y varias ramitas partidas.
—Eh, chico, ¿qu...?
No llegó siquiera a terminar la frase. La bolsa estalló con un súbito petardazo y el sicario soltó un alarido de sorpresa y dolor.
—Maldito... crío... —farfulló, de rodillas en el suelo, sujetándose la mano abrasada con su otra mano. Alzó la mirada de sus ojos lacrimosos, pero Kazuma ya se alejaba a todo correr, por lo que se giró bruscamente hacia su compañero—. ¡¿QUÉ HACES AHÍ PARADO, IDIOTA?! ¡¡CÓGELE, CÓGELE!!
Y el otro se lanzó tras el shinobi entre torpes y lentas zancadas. El garrote que llevaba era un lastre para él, pero no lo soltaba por nada del mundo. Para fortuna de Kazuma, era incluso algo más lento que él en carrera; pero, a juzgar por la corpulencia de su perseguidor y porque los pulmones comenzaban a arderle pese a que apenas llevaba unos pocos minutos corriendo, también tenía más aguante.
Era más lento, pero terminaría cogiéndole tarde o temprano.
