24/11/2018, 20:58
Kenzou percibió la presencia del joven incluso antes de que se dirigiera a él. Incluso concentrado en su arduo entrenamiento, había oído sus pasos, ligeros y apresurados, subiendo las escaleras de madera: Tap, tap, tap. Aún así, le dio una tregua a su enemigo invisible, detuvo la secuencia de golpes y se volvió hacia el recién llegado con su característica sonrisa.
—¡Oh, Juro-kun! —exclamó, secándose el sudor de la frente con el antebrazo.
En cualquier otro momento le habría dicho que había llegado en el mejor momento, le habría propuesto entrenar con él, pero Juro había llegado con tal urgencia que tuvo que contenerse.
—Está bien, dame un momento —El Morikage se acercó hasta un banco cercano que quedaba fuera del tatami y se vistió con el kimono verde, el obi y el uwagi que había dejado allí y sin dejar de sonreír se acercó hasta el recién ascendido a Jōnin y apoyó la mano en su hombro—. Vamos a mi despacho. Allí podremos discutir de forma más cómoda.
Con una última palmada sobre su hombro, Kenzou se dirigió a la salida de la azotea, esperando que Juro le siguiera. Ambos bajaron un piso y el Morikage abrió la puerta y se adentró en su despacho.
—Siéntate, Juro-kun —Le invitó, señalándole una de las dos sillas que se encontraban tras la mesa de madera. Él, mientras tanto, se sentó en la silla que quedaba justo enfrente. Una silla de aspecto tan cómodo que tentaba con sólo mirarla. El Morikage sacó de debajo de la mesa dos bonitas tazas de cerámica con estampados florales que dejó frente a ambos y una tetera humeante—. Esto nos hará entrar en calor —comentó, , mientras servía el té en ambas tazas. Debía de estar realmente caliente, porque el líquido aún burbujeaba, pero aún así el Morikage se llevó la taza a los labios como si nada, le dio un sorbo y después se relamió—. ¿Y bien, Juro-kun? ¿Qué eso tan horrible y tan peligroso que ha sucedido? —preguntó, directo al grano.
—¡Oh, Juro-kun! —exclamó, secándose el sudor de la frente con el antebrazo.
En cualquier otro momento le habría dicho que había llegado en el mejor momento, le habría propuesto entrenar con él, pero Juro había llegado con tal urgencia que tuvo que contenerse.
—Está bien, dame un momento —El Morikage se acercó hasta un banco cercano que quedaba fuera del tatami y se vistió con el kimono verde, el obi y el uwagi que había dejado allí y sin dejar de sonreír se acercó hasta el recién ascendido a Jōnin y apoyó la mano en su hombro—. Vamos a mi despacho. Allí podremos discutir de forma más cómoda.
Con una última palmada sobre su hombro, Kenzou se dirigió a la salida de la azotea, esperando que Juro le siguiera. Ambos bajaron un piso y el Morikage abrió la puerta y se adentró en su despacho.
—Siéntate, Juro-kun —Le invitó, señalándole una de las dos sillas que se encontraban tras la mesa de madera. Él, mientras tanto, se sentó en la silla que quedaba justo enfrente. Una silla de aspecto tan cómodo que tentaba con sólo mirarla. El Morikage sacó de debajo de la mesa dos bonitas tazas de cerámica con estampados florales que dejó frente a ambos y una tetera humeante—. Esto nos hará entrar en calor —comentó, , mientras servía el té en ambas tazas. Debía de estar realmente caliente, porque el líquido aún burbujeaba, pero aún así el Morikage se llevó la taza a los labios como si nada, le dio un sorbo y después se relamió—. ¿Y bien, Juro-kun? ¿Qué eso tan horrible y tan peligroso que ha sucedido? —preguntó, directo al grano.
