6/10/2015, 23:21
Yota rechazó la taza, de malas maneras, pero la rechazó. En fin, no supo lo que la anciana pensaría de él, pero desde luego que peor no iba a ser. La dejó ahí y ni se molesto en decirle nada.
Yota siguió por donde Juro no había podido, pero este temió que hubiese sido demasiado directo, le preguntó acerca de aquel lugar, de que había pasado... Cosas que muy seguramente, no entraban dentro de sus típicas conversaciones de mesa, si es que había tenido alguna...
- Sois muy curiosos - resoplo la ancianas, acomodándose - No es un tema del que me guste hablar. Los bandidos aparecieron y nos atacaron. Les hirieron, y a mi también. No recuerdo mucho, perdí el conocimiento...
La anciana hizo una pausa, y bebió un sorbo de su taza de té, con total tranquilidad. La idea tentó a Juro, quien no había bebido desde que salieron... Se contuvo, sólo por si acaso.
- Recuerdo la voz de mi marido, diciéndome que todo iría bien, que no pasaría nada, que estaban bien. No se que soñé, pero desperté totalmente en calma, sin miedo, sin dolor - explicó, mientras dirigió una mirada de ternura al cadáver mayor - Y entonces los vi, sentados. Di gracias a los cielos cuando me devolvieron la mirada. Mi marido me hablo incluso. Estaban bien, vivos. Un milagro, llamado como quieras. Me da igual.
La anciana no vaciló en su relato. Estaba firmemente convencida. A Juro se le lleno el corazón de tristeza, no supo que hacer. Para ella estaban vivos, claro que creía en los milagros, ella los veía vivos, eran su prueba. Seguramente su mente ya estaba adaptada, y había buscado explicación a todo por necesidad.
- No han querido presentarse - dijo Juro, de repente - No han hablado desde que hemos llegado, ni unas palabra. Tampoco se han movido
- Eso es por el shock, querido. Mi hijo no ha vuelto a hablar. Mi marido me habla a veces, a solas. Siguiente asustado también. Tampoco se mueven de ahí. Pero se que se recuperaran pronto.
La anciana le puso una mano encima de la del cadáver, con una sonrisa. Juro sintió pánico. ¿Oia voces? Ni idea.
- ¿Y la comida? - insistió Juro - - No se les ve muy alimentados. Ni han bebido aún.
- No comen ni beben casi nunca, pero aquí están.Un día le pregunte por eso. Al parecer, lo hacen cuando no estoy. Les debo parecer pesada o algo - contestó, mientras apretaba la mano del cadáver y la alejaba, con algo de enfado.
Yota siguió por donde Juro no había podido, pero este temió que hubiese sido demasiado directo, le preguntó acerca de aquel lugar, de que había pasado... Cosas que muy seguramente, no entraban dentro de sus típicas conversaciones de mesa, si es que había tenido alguna...
- Sois muy curiosos - resoplo la ancianas, acomodándose - No es un tema del que me guste hablar. Los bandidos aparecieron y nos atacaron. Les hirieron, y a mi también. No recuerdo mucho, perdí el conocimiento...
La anciana hizo una pausa, y bebió un sorbo de su taza de té, con total tranquilidad. La idea tentó a Juro, quien no había bebido desde que salieron... Se contuvo, sólo por si acaso.
- Recuerdo la voz de mi marido, diciéndome que todo iría bien, que no pasaría nada, que estaban bien. No se que soñé, pero desperté totalmente en calma, sin miedo, sin dolor - explicó, mientras dirigió una mirada de ternura al cadáver mayor - Y entonces los vi, sentados. Di gracias a los cielos cuando me devolvieron la mirada. Mi marido me hablo incluso. Estaban bien, vivos. Un milagro, llamado como quieras. Me da igual.
La anciana no vaciló en su relato. Estaba firmemente convencida. A Juro se le lleno el corazón de tristeza, no supo que hacer. Para ella estaban vivos, claro que creía en los milagros, ella los veía vivos, eran su prueba. Seguramente su mente ya estaba adaptada, y había buscado explicación a todo por necesidad.
- No han querido presentarse - dijo Juro, de repente - No han hablado desde que hemos llegado, ni unas palabra. Tampoco se han movido
- Eso es por el shock, querido. Mi hijo no ha vuelto a hablar. Mi marido me habla a veces, a solas. Siguiente asustado también. Tampoco se mueven de ahí. Pero se que se recuperaran pronto.
La anciana le puso una mano encima de la del cadáver, con una sonrisa. Juro sintió pánico. ¿Oia voces? Ni idea.
- ¿Y la comida? - insistió Juro - - No se les ve muy alimentados. Ni han bebido aún.
- No comen ni beben casi nunca, pero aquí están.Un día le pregunte por eso. Al parecer, lo hacen cuando no estoy. Les debo parecer pesada o algo - contestó, mientras apretaba la mano del cadáver y la alejaba, con algo de enfado.