13/02/2019, 11:03
Roga quedó atrapado como un insecto en una trampa pegajosa, pero se las apañó para dejar los brazos en el aire y no quedar completamente inmovilizado. De repente, su mano diestra se rodeó de un electrizante brillo que chirrió en sus oídos como un millar de aves espantadas por un depredador.
«¡Raiton!» Pensó Ayame, abriendo los ojos como platos.
Quiso apartarse, aterrorizada ante la visión de su enemigo natural, pero antes de que pudiera hacer nada Roga estalló con su mano libre algo contra el suelo. Y al chirrido de los pájaros se le sumó entonces un ensordecedor aullido que acuchilló sus delicados tímpanos y la obligó a taparse los oídos. Y el dolor llegó en forma de decenas de aguijonazos en todo su cuerpo. Ayame apretó las mandíbulas, pero no pudo evitar que el grito de dolor escapara entre sus dientes como un siseo. Si hubiese sido cualquier otro ataque habría convertido su cuerpo en agua para mitigar los daños, pero con la electricidad de por medio, una acción así sólo lo empeoraría.
—Maldito... —siseó, con el gesto contraído en una profunda mueca de dolor.
Se habían acabado los juegos y las risas. Roga seguía aprisionado en su trampa, y Ayame no dudó ni un instante en entrelazar las manos en un único sello. Justo por debajo de su adversario, el mismo agua que le aprisionaba giró sobre sí misma y formó una suerte de talado que le golpeó en la espalda. Pese a todo, la kunoichi se había molestado en hacer romo su extremo y no causarle así daños que fueran más allá de lo que debería en una simple sesión de entrenamiento.
Después, con un simple salto hacia atrás, Ayame volvió a echar mano de su portaobjetos y lanzó algo contra el suelo. La pequeña esfera estalló en una nube de humo que no tardó en inundar el campo de batalla casi en su totalidad.
«¡Raiton!» Pensó Ayame, abriendo los ojos como platos.
Quiso apartarse, aterrorizada ante la visión de su enemigo natural, pero antes de que pudiera hacer nada Roga estalló con su mano libre algo contra el suelo. Y al chirrido de los pájaros se le sumó entonces un ensordecedor aullido que acuchilló sus delicados tímpanos y la obligó a taparse los oídos. Y el dolor llegó en forma de decenas de aguijonazos en todo su cuerpo. Ayame apretó las mandíbulas, pero no pudo evitar que el grito de dolor escapara entre sus dientes como un siseo. Si hubiese sido cualquier otro ataque habría convertido su cuerpo en agua para mitigar los daños, pero con la electricidad de por medio, una acción así sólo lo empeoraría.
—Maldito... —siseó, con el gesto contraído en una profunda mueca de dolor.
Se habían acabado los juegos y las risas. Roga seguía aprisionado en su trampa, y Ayame no dudó ni un instante en entrelazar las manos en un único sello. Justo por debajo de su adversario, el mismo agua que le aprisionaba giró sobre sí misma y formó una suerte de talado que le golpeó en la espalda. Pese a todo, la kunoichi se había molestado en hacer romo su extremo y no causarle así daños que fueran más allá de lo que debería en una simple sesión de entrenamiento.
Después, con un simple salto hacia atrás, Ayame volvió a echar mano de su portaobjetos y lanzó algo contra el suelo. La pequeña esfera estalló en una nube de humo que no tardó en inundar el campo de batalla casi en su totalidad.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)