21/03/2019, 12:00
Con las prisas, Karamaru debía haber olvidado que vivía en Amegakure, la aldea de los interminables rascacielos con sus innumerables pisos y, por ende, que la gente no vivía a pie de calle como podía pasar en otros lugares. Por lo tanto, no era nada habitual llamar a la puerta del portal, donde, si acaso tenía suerte, se podría encontrar con un conserje confundido (como había sido el caso).
—El señor Shūsei vive en la última planta —replicó el trabajador, con un sonado suspiro, mientras señalaba tras su espalda a un armatoste de hierro que hacía las veces de ascensor—. Décimo quinto piso, es la única puerta que hay.
—El señor Shūsei vive en la última planta —replicó el trabajador, con un sonado suspiro, mientras señalaba tras su espalda a un armatoste de hierro que hacía las veces de ascensor—. Décimo quinto piso, es la única puerta que hay.
