17/04/2019, 12:03
Sorpresivamente para tanto Kumopansa como Yota —y probablemente el resto de los presentes, el yonqui Calabaza que había demostrado una repentina agilidad, volvió a ser el de siempre cuando la araña se le agarró a los ropajes. Cayó al suelo, perdiendo el equilibrio, mientras se revolvía para intentar sacarse de encima a la araña entre gemidos de protesta.
—¡Quítate de encima, bicho! ¿Q... Q... Qué mierdas estás haciendo? —escupió el adicto, que tan sólo quería alejarse de allí lo antes posible, conocedor de que la situación estaba a punto de empeorar—. ¡Vete a tomar por culo!
Entonces el indigente agarró a la araña con ambas manos y, con toda la fuerza que sus raquíticos brazos fueron capaces de imprimirle, la lanzó violentamente contra su propio dueño. «¡Hijos de puta! Este callejón se va a llenar de matones del Dedo Amarillo en nada y menos... ¡Tengo que salir de aquí!»
Por su parte, Ushi trastabilló ligeramente cuando la técnica de deslumbre momentáneo de Yota le dejó sin visión. Rápidamente el kusajin se dispuso a contraatacar, conectándole un tremendo puñetazo potenciado con chakra Raiton al sicario en todo el estómago. Ushi entreabrió la boca intentando en vano cazar el aliento que se le escapaba rápidamente, con los ojos desencajados. Producto del ataque de Yota, aquel tipo de apariencia tan robusta salió despedido en dirección contraria, derribado como un muñeco de trapo. El Toro voló un par de metros por los aires hasta aterrizar cayendo sobre su propia espalda, con un golpe seco.
—Cof, cof... Mi... erda de... Trucos ninja —masculló, mientras se incorporaba—. Pero lo vas a tener que hacer mucho mejor si quieres dejarme seco, niño.
De nuevo en pie, el tipo meneó sus nunchakus mientras trataba de recuperar el aliento.
—Dime, ¡shinobi! ¿Todo este alboroto por un yonqui de mierda? —preguntó el matón—. Pensaba que los ninja sólo trabajábais por dinero. ¿Sabes ya si os va a pagar este trozo de basura? A nosotros nos debe una pequeña fortuna.
—¡Quítate de encima, bicho! ¿Q... Q... Qué mierdas estás haciendo? —escupió el adicto, que tan sólo quería alejarse de allí lo antes posible, conocedor de que la situación estaba a punto de empeorar—. ¡Vete a tomar por culo!
Entonces el indigente agarró a la araña con ambas manos y, con toda la fuerza que sus raquíticos brazos fueron capaces de imprimirle, la lanzó violentamente contra su propio dueño. «¡Hijos de puta! Este callejón se va a llenar de matones del Dedo Amarillo en nada y menos... ¡Tengo que salir de aquí!»
Por su parte, Ushi trastabilló ligeramente cuando la técnica de deslumbre momentáneo de Yota le dejó sin visión. Rápidamente el kusajin se dispuso a contraatacar, conectándole un tremendo puñetazo potenciado con chakra Raiton al sicario en todo el estómago. Ushi entreabrió la boca intentando en vano cazar el aliento que se le escapaba rápidamente, con los ojos desencajados. Producto del ataque de Yota, aquel tipo de apariencia tan robusta salió despedido en dirección contraria, derribado como un muñeco de trapo. El Toro voló un par de metros por los aires hasta aterrizar cayendo sobre su propia espalda, con un golpe seco.
—Cof, cof... Mi... erda de... Trucos ninja —masculló, mientras se incorporaba—. Pero lo vas a tener que hacer mucho mejor si quieres dejarme seco, niño.
De nuevo en pie, el tipo meneó sus nunchakus mientras trataba de recuperar el aliento.
—Dime, ¡shinobi! ¿Todo este alboroto por un yonqui de mierda? —preguntó el matón—. Pensaba que los ninja sólo trabajábais por dinero. ¿Sabes ya si os va a pagar este trozo de basura? A nosotros nos debe una pequeña fortuna.