El anciano ni siquiera pudo dedicarle un simple de nada a la jovencita, la cuál salió disparada de ahí en cuanto tuvo la información. Fue así que emprendió la marcha hasta una de las lujosas zonas de la villa, donde una sola mansión ocupaba más espacio que cinco casas regulares sin contar los jardines privados y demás caprichos de la gente rica. Por lo mismo, el trayecto fue bastante largo y agotador para la Sarutobi que en un momento de lucidez decidió corroborar la información, sólo para recibir un balde de agua fría metafórico en la cabeza, aunque este no fuera a refrescarla realmente.
Ahora con furia renovada, debía continuar con la misión. Bien dicen que la tercera es la vencida, pues en ese segundo en el que ella decidió revisar una vez más el pergamino logró percatarse de su error. Tanto esfuerzo para llegar a la mansión Yako, sólo para luego darse cuenta que la había cagado, pero por lo menos no tuvo que lidiar con la vergüenza de presentarse directamente sin tener la más remota idea de lo que debía hacer. Fue así que tuvo que echar marcha atrás.
Aquella pérdida de tiempo fue remarcable, pues aunque no le habían dado una hora en específico para llegar se esperaba una mínima muestra de interés de su parte y que no se tomarse el encargo a la ligera. Luego de regresar sobre sus pasos y adentrarse de nuevo a la aldea, se encaminó a la Academia, que siendo el sitio donde recibió la mayor parte de su adoctrinamiento, no tendría tanto problema para llegar.
Para cuando llegase finalmente al centro educativo, notaría que una mujer estaba afuera del recinto con una expresión impaciente.
Se trababa de una fémina alta, con el pelo corto y lacio decorado con rayitos púrpuras en el lateral izquierdo del fleco. Portaba anteojos formales y se maquillaba con sombras de ojos purpuras y lápiz labial rojo fuerte que le daban un aspecto un tanto sensual para lo que se esperaba de alguien que trabajaba con menores de edad. Portaba el chaleco militar abierto por encima de una simple blusa blanca de botones con la placa plateada propia de su rango en el brazo derecho. Usaba pantalones cortos y por sobre estos una falda corta negra. Rematando con una modificación de botas shinobi altas con algo de tacón.
Si Hikaru hacía memoria, podría reconocerla cómo una de las encargadas de disciplina de la Academia: Koga Yoko. Obviamente, no estaba muy feliz con el retraso. En cuanto vio a la jovencita acercase, sus lentes relucieron con la luz del sol, esperando a que llegara hasta ella.
—Sarutobi— Aquello sonaba más a regaño que a saludo. —Pensar que volverías tan pronto a este sitio, aunque esta vez sea por una misión— Agachó su mirar para verle la cara. —Te has tomado tu tiempo para venir aquí, ¿no te has dado cuenta de la hora? Faltan quince minutos para el mediodía— Le inquirió a la jovencita.
Ahora con furia renovada, debía continuar con la misión. Bien dicen que la tercera es la vencida, pues en ese segundo en el que ella decidió revisar una vez más el pergamino logró percatarse de su error. Tanto esfuerzo para llegar a la mansión Yako, sólo para luego darse cuenta que la había cagado, pero por lo menos no tuvo que lidiar con la vergüenza de presentarse directamente sin tener la más remota idea de lo que debía hacer. Fue así que tuvo que echar marcha atrás.
Aquella pérdida de tiempo fue remarcable, pues aunque no le habían dado una hora en específico para llegar se esperaba una mínima muestra de interés de su parte y que no se tomarse el encargo a la ligera. Luego de regresar sobre sus pasos y adentrarse de nuevo a la aldea, se encaminó a la Academia, que siendo el sitio donde recibió la mayor parte de su adoctrinamiento, no tendría tanto problema para llegar.
Para cuando llegase finalmente al centro educativo, notaría que una mujer estaba afuera del recinto con una expresión impaciente.
Se trababa de una fémina alta, con el pelo corto y lacio decorado con rayitos púrpuras en el lateral izquierdo del fleco. Portaba anteojos formales y se maquillaba con sombras de ojos purpuras y lápiz labial rojo fuerte que le daban un aspecto un tanto sensual para lo que se esperaba de alguien que trabajaba con menores de edad. Portaba el chaleco militar abierto por encima de una simple blusa blanca de botones con la placa plateada propia de su rango en el brazo derecho. Usaba pantalones cortos y por sobre estos una falda corta negra. Rematando con una modificación de botas shinobi altas con algo de tacón.
Si Hikaru hacía memoria, podría reconocerla cómo una de las encargadas de disciplina de la Academia: Koga Yoko. Obviamente, no estaba muy feliz con el retraso. En cuanto vio a la jovencita acercase, sus lentes relucieron con la luz del sol, esperando a que llegara hasta ella.
—Sarutobi— Aquello sonaba más a regaño que a saludo. —Pensar que volverías tan pronto a este sitio, aunque esta vez sea por una misión— Agachó su mirar para verle la cara. —Te has tomado tu tiempo para venir aquí, ¿no te has dado cuenta de la hora? Faltan quince minutos para el mediodía— Le inquirió a la jovencita.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
