11/06/2019, 17:50
La joven escondió su suspicacia ante la reacción del mayordomo detrás de su despreocupada sonrisa, pensando en qué diablos ocurría en aquella casa para que hasta ella pareciera molestar, algo duro para la kunoichi, acostumbrada a utilizar su encanto y personalidad para ganarse a la gente. Al menos no tuvo que insistir para que el dubitativo mayordomo la llevara a la habitación de su señor “ Si supiera en que habitación está no tendría ni que preguntarte, pero en esta casa hay habitaciones para alojar a todos mis vecinos y aún sobraría espacio.” pensó para si misma entendiendo cada vez menos aquellas absurdas opulencias. Por fuera sin embargo su gesto solo mostraba una sonrisa agradecida.
Avanzaron por las lustrosas escaleras, atravesando un pasillo más largo que algunas de las bancadas de la huerca de su familia, haciendo que la Sarutobi se imaginara a sus amigos patinando sobre aquel pasillo entre gritos y risas. Si las imágenes de aquellos espectros ya eran dantescas en general, la mujer que le devolvía una espeluznante mirada desde la puerta desde luego los empequeñecía a todos.
Tuvo que parpadear un instante, pues absorta como estaba le había parecido en un primer momento como si la fantasma del cuadro le gritara. Tardó apenas un segundo en percatarse que quien gritaba de aquella manera tan vulgar, despectiva y exagerada era el ocupante del cuarto, que descargaba su furia con el pobre mayordomo, al que dedicó una mirada preocupada.
Sintió como la sangre le hervía desde la punta de los dedos a la de las orejas ante aquel despropósito de escena, haciendo que su rostro relajado y curioso adquiriera una expresión mucho más tensa e intimidante -QUE necesitaba hablar contigo - respondió la chuunin terriblemente molesta, utilizando el mismo tono en el inicio de su frase que el ricachón. Fue entonces, un segundo antes de que explotara en una de sus explosiones, reprendiéndolo por como trataba a un pobre trabajador cuando la joven se percató de los ojos arrasados del muchacho, haciendo que la duda se dibujara en su rostro casi al instante -¿Se encuentra bien señor Yako? Se que no forma parte de mi misión y puede que ni de mi incumbencia pero tampoco ayuda en nada gritar a su servicio de esa manera – razonó sorprendida al verlo en aquel estado, aguantando la iracunda mirada del muchacha con sus ojos decididos.
Avanzaron por las lustrosas escaleras, atravesando un pasillo más largo que algunas de las bancadas de la huerca de su familia, haciendo que la Sarutobi se imaginara a sus amigos patinando sobre aquel pasillo entre gritos y risas. Si las imágenes de aquellos espectros ya eran dantescas en general, la mujer que le devolvía una espeluznante mirada desde la puerta desde luego los empequeñecía a todos.
Tuvo que parpadear un instante, pues absorta como estaba le había parecido en un primer momento como si la fantasma del cuadro le gritara. Tardó apenas un segundo en percatarse que quien gritaba de aquella manera tan vulgar, despectiva y exagerada era el ocupante del cuarto, que descargaba su furia con el pobre mayordomo, al que dedicó una mirada preocupada.
Sintió como la sangre le hervía desde la punta de los dedos a la de las orejas ante aquel despropósito de escena, haciendo que su rostro relajado y curioso adquiriera una expresión mucho más tensa e intimidante -QUE necesitaba hablar contigo - respondió la chuunin terriblemente molesta, utilizando el mismo tono en el inicio de su frase que el ricachón. Fue entonces, un segundo antes de que explotara en una de sus explosiones, reprendiéndolo por como trataba a un pobre trabajador cuando la joven se percató de los ojos arrasados del muchacho, haciendo que la duda se dibujara en su rostro casi al instante -¿Se encuentra bien señor Yako? Se que no forma parte de mi misión y puede que ni de mi incumbencia pero tampoco ayuda en nada gritar a su servicio de esa manera – razonó sorprendida al verlo en aquel estado, aguantando la iracunda mirada del muchacha con sus ojos decididos.