13/06/2019, 00:22
—¡Vuelve aquí mono ladrón! —
Gritaba una veterana furiosa al animal peludo que le había arrebatado unas frutas de su tienda. Quizá no le hubiera importado tanto si esto fuera un hecho ocasional. Pero algo fuera de lo habitual estaba pasando en Tanzaku Gai, la ciudad había sido invadida, pero no por un enemigo, sino por un grupo de simios que estaban haciendo desmanes en la misma.
Jugueteaban con los carteles, se adueñaban de todo lo que les llamara la atención y obviamente se alimentaban de lo que pudieran. Quizá una conducta inocente para el reino animal, pero ya estaba empezando a colmar la paciencia de los vecinos de la zona.
Geki ya había sido victima de estos incordiosos visitantes, que varias veces le habían saqueado la comida que intentaba almorzar los días de visita que estaba en la gran urbe.
—¡Ya vas a caer, voy a poner trampas ya verás! — Los amenazó una vez más la señora—Y tú ninja, ¿Por qué te le quedas viendo mientras me roba esa bestia y no la detienes? ¿Acaso no es tu deber? — Refunfuño mirando al genin que seguía con la vista al mono. Sus ojos encarnaban la misma furia y el desprecio, que si de seguro tuvieran brazos estrangularían al kusajin.
— Señora ya debe haber alguna petición a alguna aldea, yo estoy aquí de vacaciones — Respondió rápido atajándose de la acusación.
—Tss estos ninjas jóvenes ya no quieren trabajar. Y la policía tampoco hace nada ¡¿Alguien por dios quiere hacer algo?! — Había dicho las palabras de la última frase tan fuerte que todos en la calle se habían girado a ver qué pasaba. El temperamento de la frutera era conocido en la vieja feria de la calle. Pero últimamente con los robos estaba más nerviosa que de costumbre.
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