16/06/2019, 01:44
Geki sentía cómo aquellos gritos le retumbaban la cabeza y apretaba fuerte los ojos intentando defenderse de los chirridos insoportables de la mujer. Sin duda aquel no había sido un buen día para pasear por la feria, pero la suerte estaba cambiando.
Al incorporarse y abrir los ojos lentamente de nuevo, el Senju se encontró con la fea cara de la señora del comercio pero un color rojizo que pudo ver de refilón le llamó la atención. A su lado, una muchacha joven y bonita qué también maldecía a los traviesos animales había aparecido en escena.
En tanto, los primates se perdían entre los balcones colgándose, tambaleándose y chillando como si se burlaran de todo el mundo después de cometer sus travesuras.
El Kusajin sonrió y se rascó de tras de la oreja. ¿Así qué habían acudido a Uzushiogakure para resolver el lío que se estaba montando en la ciudad?. Se volvió a la chica, quedó un momento en silencio evaluándola con sus ojos. Bueno era lógico, era la villa más cercana al poblado y a veces la inmediatez jugaba un papel importante y más con temas que se necesitaba urgente resolver, aunque aquel no lo pareciera. Se tomó unos segundos hasta que finalmente se decidió a interrumpir.
—Bueno señora, al parecer a llegado la caballería. Y miren de qué villa nada más. Esto seguro lo resuelven en un abrir y cerrar de ojos.
Dijo en un tono sarcástico. La señora seguía con su cara agria, lanzó un suspiro al aire como si aquellos dos ya le hubieran robado demasiado tiempo. Rendida, tomó una escoba que estaba allí cerca y comenzó a barrer la fruta mordisqueada y desperdiciada por los animales.
Geki se agachó y tomó una de las frutas que habían rodado por el suelo, era una manzana roja qué a simple vista, no parecía estar en mal estado. La frotó contra su pecho para quitarle un poco de tierra y la mordió.
Mientras masticaba se acercó unos pasos más hacia la otra chica, para poder conversar con ella.
—Edta dica ¿Quiedes? — Le ofreció con la boca llena, mientras la acercaba a la parte mordida a la cara.
Al incorporarse y abrir los ojos lentamente de nuevo, el Senju se encontró con la fea cara de la señora del comercio pero un color rojizo que pudo ver de refilón le llamó la atención. A su lado, una muchacha joven y bonita qué también maldecía a los traviesos animales había aparecido en escena.
En tanto, los primates se perdían entre los balcones colgándose, tambaleándose y chillando como si se burlaran de todo el mundo después de cometer sus travesuras.
El Kusajin sonrió y se rascó de tras de la oreja. ¿Así qué habían acudido a Uzushiogakure para resolver el lío que se estaba montando en la ciudad?. Se volvió a la chica, quedó un momento en silencio evaluándola con sus ojos. Bueno era lógico, era la villa más cercana al poblado y a veces la inmediatez jugaba un papel importante y más con temas que se necesitaba urgente resolver, aunque aquel no lo pareciera. Se tomó unos segundos hasta que finalmente se decidió a interrumpir.
—Bueno señora, al parecer a llegado la caballería. Y miren de qué villa nada más. Esto seguro lo resuelven en un abrir y cerrar de ojos.
Dijo en un tono sarcástico. La señora seguía con su cara agria, lanzó un suspiro al aire como si aquellos dos ya le hubieran robado demasiado tiempo. Rendida, tomó una escoba que estaba allí cerca y comenzó a barrer la fruta mordisqueada y desperdiciada por los animales.
Geki se agachó y tomó una de las frutas que habían rodado por el suelo, era una manzana roja qué a simple vista, no parecía estar en mal estado. La frotó contra su pecho para quitarle un poco de tierra y la mordió.
Mientras masticaba se acercó unos pasos más hacia la otra chica, para poder conversar con ella.
—Edta dica ¿Quiedes? — Le ofreció con la boca llena, mientras la acercaba a la parte mordida a la cara.
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