19/07/2019, 19:28
Roga terminó por girarse con unas últimas palabras cargadas de honor y responsabilidad. Roga, sabiéndolo o no, se acababa de echar sobre los hombros todo el peso de aquella misión, con todas las responsabilidades que eso conllevaba. El conductor del carromato, por su parte, se limitó a torcer el gesto y devolver la mirada hacia delante.
—Espero que tengas razón, muchacho. Espero que tengas razón —musitó. Era demasiado tarde para su hijo, eso estaba claro, pero si había una mínima posibilidad de salvar al resto de Yukio...
Con una última despedida, los dos hombres separaron sus caminos: el conductor hacia el sur, Roga hacia el norte.
Si el shinobi seguía el plan que tenía en mente, el shinobi unas pocas horas más en llegar a Shinogi-to. Desde ahí, y tras descansar un poco, otras horas más hasta que llegó a un pequeño pueblo sin nombre en mitad de los Campos de la Tormenta. Allí pudo pernoctar y llenarse el estómago con unas pocas monedas y al fin, hacia la mitad del día siguiente, las llanuras de hierba fueron cubriéndose poco a poco por una manta blanca y la temperatura comenzó a descender de forma brusca. A lo lejos, una silueta oscura comenzaba a dibujarse en el horizonte, pero un río de aguas grisáceas se interponía entre él y su destino. Afortunadamente, un puente de piedra se alzaba sobre él, comunicando con la otra orilla del mismo. Yukio estaba cerca.
—Espero que tengas razón, muchacho. Espero que tengas razón —musitó. Era demasiado tarde para su hijo, eso estaba claro, pero si había una mínima posibilidad de salvar al resto de Yukio...
Con una última despedida, los dos hombres separaron sus caminos: el conductor hacia el sur, Roga hacia el norte.
Si el shinobi seguía el plan que tenía en mente, el shinobi unas pocas horas más en llegar a Shinogi-to. Desde ahí, y tras descansar un poco, otras horas más hasta que llegó a un pequeño pueblo sin nombre en mitad de los Campos de la Tormenta. Allí pudo pernoctar y llenarse el estómago con unas pocas monedas y al fin, hacia la mitad del día siguiente, las llanuras de hierba fueron cubriéndose poco a poco por una manta blanca y la temperatura comenzó a descender de forma brusca. A lo lejos, una silueta oscura comenzaba a dibujarse en el horizonte, pero un río de aguas grisáceas se interponía entre él y su destino. Afortunadamente, un puente de piedra se alzaba sobre él, comunicando con la otra orilla del mismo. Yukio estaba cerca.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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