Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#71
Mientras Komachi regresaba a la sombra, Kuumi chasqueó la lengua y se levantó.

Rōga, por su parte, ya se había acercado a la hermana más alta.

No —dijo la kunoichi entre pesadas respiraciones. Le ardía la piel por el sol y la arena, pero también los músculos, tanto por el esfuerzo como por los ataques de su contrincante —. Creo… C-creo que no me puedo levantar.

Suspiró. El cuerpo le respondía débilmente. No sentía que estuviese herida de gravedad, sólo muy cansada y adolorida. No sabía bien qué pensar. Se sentía frustrada de no haber podido hacer mucho en realidad. A diferencia de su primer combate, en donde sólo empató por el uso imprudente de chakra por parte del peliazul, ahora Ranko sentía el verdadero abismo de poder entre los dos. Y dolía.

N-no te preocupes, Rōga-san. S-sólo necesito descansar. Un buen rato.

Pues habrá que darte la vuelta para tostarte parejo —Kuumi ya estaba cerca de ellos, con los brazos cruzados y labios fruncidos. Portaba sus gafas de sol, así que no se notaban sus ojos —. Venga, Ran-chan, a la sombrita —Al pasar al lado de Rōga, le dio un golpe en el brazo con la base del puño. Ella lo consideraba un gesto amistoso, pero el peliazul sentiría que la pelirroja no se andaba con sutilezas, pues poco faltó para haberle dado un golpe en serio —. Eres muy bueno, chico. Eres fuerte y rudo. Me caes bien. Ahora, ayúdame, ¿Sí? Parece que sí le diste duro a Ran-chan.

¡K-Kuumi! —Ranko encontró fuerzas para sonrojarse ante tal comentario, pero no para quejarse más. La pequeña ya tiraba de su brazo izquierdo para levantarla. Si Rōga accedía y tiraba de su brazo derecho, ambos la podrían poner de pie para llevarla, apoyándose en ambos, hasta los parasoles.
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RE: El conejo y el sol, el lobo y la arena - por Sagiso Ranko - 14/08/2019, 15:18


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