24/08/2019, 15:39
El irritado grito de Roga corrigiendo su nombre mal pronunciado sobresaltó a los presentes, que dieron un pequeño bote en el sitio. Y no sería ante la posterior explicación sobre lo que estaba haciendo en aquella ciudad, cuando los parroquianos bajaron al fin sus armas. Aunque muchos de ellos intercambiaron miradas nerviosas, inquietas. Era evidente lo que estaba pasando por sus mentes: "¿Este crío? " "¿Han mandado a este crío a resolver nuestros problemas?" ¿Es que no se dan cuenta de la gravedad del asunto?"
Y el tabernero era uno de ellos. Sombrío, bajó la mirada hacia el chiquillo, que seguía abrazado a sus piernas y con un gesto de su mano le hizo despachar. El niño, que aún miraba a Roga con ojos entrecerrados cargados de desconfianza, abandonó la seguridad de la figura adulta y subió con parsimonia los escalones que debían conducir al primer piso de la taberna. Su menuda silueta no tardó en fundirse en la oscuridad.
—Mis disculpas, Roga-san. Komaru aún no es más que un niño, y su desbordante imaginación no hace más que meterle en líos. Más tarde tendré una buena charla con él —se excusó, inclinando la cabeza. Le hizo una señal con la mano, invitándole a acercarse—. A modo de disculpa, déjame invitarte a una comida. Si de verdad vienes de Amegakure has debido recorrer un largo trecho hasta ahora.
La mayoría de los allí presentes había vuelto ya a sus asuntos, aunque alguna mirada seguía pendiente de aquel muchacho que apenas parecía sobrepasar quincena.
Y el tabernero era uno de ellos. Sombrío, bajó la mirada hacia el chiquillo, que seguía abrazado a sus piernas y con un gesto de su mano le hizo despachar. El niño, que aún miraba a Roga con ojos entrecerrados cargados de desconfianza, abandonó la seguridad de la figura adulta y subió con parsimonia los escalones que debían conducir al primer piso de la taberna. Su menuda silueta no tardó en fundirse en la oscuridad.
—Mis disculpas, Roga-san. Komaru aún no es más que un niño, y su desbordante imaginación no hace más que meterle en líos. Más tarde tendré una buena charla con él —se excusó, inclinando la cabeza. Le hizo una señal con la mano, invitándole a acercarse—. A modo de disculpa, déjame invitarte a una comida. Si de verdad vienes de Amegakure has debido recorrer un largo trecho hasta ahora.
La mayoría de los allí presentes había vuelto ya a sus asuntos, aunque alguna mirada seguía pendiente de aquel muchacho que apenas parecía sobrepasar quincena.
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