24/09/2019, 22:48
Como polillas que vuelan hacia la luz, una vez más se atrevían a calificarla como señora. Quizás como muestra de respeto, pero a ella, a todas luces, siempre le sonaba a burla. ¿Tan mayor se creían que era? «Puedo arrancaros los huevos con una sola mano, mequetrefes de sangre seca». Lejos de lo que haría una persona normal cuando se enerva, Yui marcó la sonrisa aún más si cabe, divirtiéndose con el desafío, pero con una luz peligrosa encendida en los ojos.
—Para ti, siempre seré Arashikage-sama, Yui-sama o Amekoro-sama, ¿entendido? —advirtió, para inmediatamente arrojarle el pergamino de misión al pecho. Pretendía pasárselo de esa forma igual, pero evidentemente la emoción hizo que lo arrojara con más fuerza de lo normal, y dada la escasa complexión de Kisame, el golpe casi lo derriba de la silla—. El servicio de correo postal de Yukio nos ha pedido ayuda. Sólo son dos, aparentemente, y el aprendiz del encargado se ha lesionado el brazo al resbalar con las primeras heladas fuertes de otoño.
»Tendrás que sustituirle durante al menos dos semanas, si la cosa no se alarga. ¿Crees que puedes apañártelas allá en el norte?
Y si no lo creía, más le valía comenzar a tener fe, porque por los cojones que no tenía que Yui iba a mandar a aquél tirillas a Yukio para fortalecer un poco esa cara de niño imberbe de verano.
