26/11/2019, 23:33
Pero Roga, con aquella resuelta confianza tan suya, sacó un pergamino y lo extendió sobre la mesa que mediaba entre los dos. Palabras y letras que pasaron ante los ojos del médico, que sólo se detuvieron en la última parte: en la rúbrica de Amekoro Yui, Arashikage de Amegakure. Porque esa era, precisamente, la señal que estaba esperando. La única señal que no podría ignorar bajo ningún derecho idiocrático como médico.
Sin responder inmediatamente, Shi se levantó de su asiento y se dirigió en completo silencio a las estanterías. Levantó con gesto vago la mano, retiró un libro y un breve temblor sacudió toda la casa. Como movida por un resorte, la estantería se hizo a un lado, revelando otras estanterías de archivos y más archivos. Su dedo índice navegó por los lomos de las carpetas y tras varias filas se detuvo en una en concreto. La sacó, comprobó el número que adornaba su portada y después regresó con Roga.
—Aquí tienes es el informe —le informó, dejándolo sobre la mesa—. Eso sí, con permiso de Yui-sama o sin él, esta carpeta no saldrá de aquí. Es secreto de sumario, y lo último que deseamos es desatar el pánico entre la gente del pueblo.
Y no era para menos, pues si Roga abría la carpeta, era probable que se encontrara con algo que sobrepasara el límite de su imaginación. Varias fotos acompañaban a un informe escrito. Fotografías detalladas del cuerpo de un joven sólo reconocible por su rostro pero completamente rasgado de arriba a abajo. Eran heridas largas y delgadas pero terriblemente profundas y llenas de sangre; otras, mucho más terribles habían arrancado partes de su cuerpo de cuajo. Heridas que en el informe escrito eran descritas como cuchilladas y dentelladas de algún animal salvaje sin identificar, pero que podrían tratarse de un oso por el tamaño de estas.
Sin responder inmediatamente, Shi se levantó de su asiento y se dirigió en completo silencio a las estanterías. Levantó con gesto vago la mano, retiró un libro y un breve temblor sacudió toda la casa. Como movida por un resorte, la estantería se hizo a un lado, revelando otras estanterías de archivos y más archivos. Su dedo índice navegó por los lomos de las carpetas y tras varias filas se detuvo en una en concreto. La sacó, comprobó el número que adornaba su portada y después regresó con Roga.
—Aquí tienes es el informe —le informó, dejándolo sobre la mesa—. Eso sí, con permiso de Yui-sama o sin él, esta carpeta no saldrá de aquí. Es secreto de sumario, y lo último que deseamos es desatar el pánico entre la gente del pueblo.
Y no era para menos, pues si Roga abría la carpeta, era probable que se encontrara con algo que sobrepasara el límite de su imaginación. Varias fotos acompañaban a un informe escrito. Fotografías detalladas del cuerpo de un joven sólo reconocible por su rostro pero completamente rasgado de arriba a abajo. Eran heridas largas y delgadas pero terriblemente profundas y llenas de sangre; otras, mucho más terribles habían arrancado partes de su cuerpo de cuajo. Heridas que en el informe escrito eran descritas como cuchilladas y dentelladas de algún animal salvaje sin identificar, pero que podrían tratarse de un oso por el tamaño de estas.
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