4/12/2019, 17:37
(Última modificación: 4/12/2019, 17:40 por Sagiso Ranko. Editado 1 vez en total.)
—Yukio... —suspiró Ranko.
Se imaginó a ambas, caminando por un puente sobre un estanque congelado, vistiendo hermosos yukatas blancos, sonrojadas por el frío, tomadas del brazo, rodeadas de una brisa nevada. La Kusajin asintió, muy emocionada.
—¡Yukio suena perfecto!
Aunque lo que siguió no fue muy emocionante, pues sólo pagaron y se retiraron a la posada, Ranko no podía dejar atrás la idea de verse con Mei en el futuro, en Yukio. Detrás de sí, escuchaban el rugido de la gente, y las carretas de los Dioses Gato y Perro se acercaban. Ranko ni siquiera volteó. Para ella, el verdadero festival había sido pasar una hermosa noche al lado de una amiga, y el prospecto de reencontrarse. Ni siquiera supo qué Dios había ganado.
Al llegar a su habitación, fueron recibidas por los ronquidos de Kuumi, quien se había apropiado de una de las camas superiores de las literas. Las chicas se prepararon para dormir, y no tardaron en acostarse.
—Igualmente —contestó la de la trenza a los “dulces sueños” de la Uzujin —, Mei.
Ranko giró en su cama, intentando discernir la silueta de Mei entre la oscuridad, pero sólo pudo percibir su perfume. Sin embargo, fue suficiente para hacerla dormir con una sonrisa. Aunque no lo recordó después, Ranko soñó que paseaba por un campo de flores, entre rosales y mariposas.
Lo que despertó a Ranko fue una combinación de los ronquidos de su hermana, un suave aroma en su nariz y una extraña sensación en el pecho. Se incorporó y no tardó en asimilar aquel perfume que le trajo agradables recuerdos del día y la noche anteriores. Con una enorme sonrisa, se sentó en el borde de la cama, lista para ir a la cama de enfrente para despertar a su amiga y continuar con otro día maravilloso.
Pero Mei ya no estaba allí.
—M-Mei… —susurró la chica. Se levantó y dio un par de pequeños pasos hasta la cama. Estaba tendida, y sobre ella había un sobre y la máscara que la Uzujin había usado para el festival —. Mei-hime…
La sensación extraña en su pecho se intensificó, como si algo delicado se hubiese roto en ella. Volteó a ver a Kuumi, dormida profundamente en la cama superior, para asegurarse que no la molestaría. Tragó saliva, tomó el sobre y la máscara, y se acostó en la cama.
"Todavía huele a rosas…" pensó, cerrando los ojos para concentrarse en el aroma, mientras presionaba la máscara contra su pecho. Un rato después, abrió el sobre y extrajo una carta. La desdobló, percibiendo aquel encantador aroma que también impregnaba el papiro. Después de la esencia de rosas, lo siguiente que notó fue la silueta pálida de unos labios al final de la carta. La luz del amanecer comenzaba a filtrarse por la ventana, lo suficiente para ayudarle a leer:
Hubo un estallido de emociones en el corazón de Ranko.
—Oh, Mei-hime…
Lo primero que sintió fue una gran tristeza, con toque de decepción, pues anhelaba seguir un día más con ella y, aunque comprendía que una emergencia familiar era importante, no podía evitar sentirse mal por la partida de la Uzujin.
Lo siguiente fue una gran emoción, de que Mei la hubiese considerado tierna al dormir. Se sintió enormemente feliz de que le pidiera no olvidar lo vivido a su lado, y por supuesto que Ranko no lo haría. Además se grabó su apellido, Aburame, pues la chica no lo había mencionado antes.
Finalmente, sintió un gigantesco anhelo al ver la palabra cita. La fecha era algo lejana, hasta el otro año, aunque entendía que Yukio era un lugar bastante lejano, en especial para la Uzujin. ¡Además era cerca de su propio cumpleaños! ¿Qué mejor regalo que verla una vez más? Ranko tenía ahora un objetivo en mente, uno tangible y muy alentador. Si bien podría darse el caso de que Mei sólo la hubiese engañado y no estuviese planeando verla de nuevo, no fue una posibilidad en la que Ranko ahondara. Ella confiaba totalmente en aquella encantadora kunoichi de Uzushiogakure no sato.
—Allí estaré, Mei-hime. —le susurró a la carta.
Volteó una vez más en derredor, cuidando que Kuumi siguiese dormida, y que, aunque fuese imposible, no hubiese nadie más en la habitación para verla. Con el corazón felizmente acelerado, con el rostro agradablemente cálido y con mucha pena por lo que estaba a punto de hacer, inhaló profundamente el olor a rosas de la carta.
Luego posó suavemente sus labios sobre la silueta de los labios de Mei.
Se imaginó a ambas, caminando por un puente sobre un estanque congelado, vistiendo hermosos yukatas blancos, sonrojadas por el frío, tomadas del brazo, rodeadas de una brisa nevada. La Kusajin asintió, muy emocionada.
—¡Yukio suena perfecto!
Aunque lo que siguió no fue muy emocionante, pues sólo pagaron y se retiraron a la posada, Ranko no podía dejar atrás la idea de verse con Mei en el futuro, en Yukio. Detrás de sí, escuchaban el rugido de la gente, y las carretas de los Dioses Gato y Perro se acercaban. Ranko ni siquiera volteó. Para ella, el verdadero festival había sido pasar una hermosa noche al lado de una amiga, y el prospecto de reencontrarse. Ni siquiera supo qué Dios había ganado.
Al llegar a su habitación, fueron recibidas por los ronquidos de Kuumi, quien se había apropiado de una de las camas superiores de las literas. Las chicas se prepararon para dormir, y no tardaron en acostarse.
—Igualmente —contestó la de la trenza a los “dulces sueños” de la Uzujin —, Mei.
Ranko giró en su cama, intentando discernir la silueta de Mei entre la oscuridad, pero sólo pudo percibir su perfume. Sin embargo, fue suficiente para hacerla dormir con una sonrisa. Aunque no lo recordó después, Ranko soñó que paseaba por un campo de flores, entre rosales y mariposas.
Lo que despertó a Ranko fue una combinación de los ronquidos de su hermana, un suave aroma en su nariz y una extraña sensación en el pecho. Se incorporó y no tardó en asimilar aquel perfume que le trajo agradables recuerdos del día y la noche anteriores. Con una enorme sonrisa, se sentó en el borde de la cama, lista para ir a la cama de enfrente para despertar a su amiga y continuar con otro día maravilloso.
Pero Mei ya no estaba allí.
—M-Mei… —susurró la chica. Se levantó y dio un par de pequeños pasos hasta la cama. Estaba tendida, y sobre ella había un sobre y la máscara que la Uzujin había usado para el festival —. Mei-hime…
La sensación extraña en su pecho se intensificó, como si algo delicado se hubiese roto en ella. Volteó a ver a Kuumi, dormida profundamente en la cama superior, para asegurarse que no la molestaría. Tragó saliva, tomó el sobre y la máscara, y se acostó en la cama.
"Todavía huele a rosas…" pensó, cerrando los ojos para concentrarse en el aroma, mientras presionaba la máscara contra su pecho. Un rato después, abrió el sobre y extrajo una carta. La desdobló, percibiendo aquel encantador aroma que también impregnaba el papiro. Después de la esencia de rosas, lo siguiente que notó fue la silueta pálida de unos labios al final de la carta. La luz del amanecer comenzaba a filtrarse por la ventana, lo suficiente para ayudarle a leer:
Si estás leyendo esto significa que he tenido que marcharme. Discúlpame, por favor, por irme de esta forma, pero te veías tan tierna dormida que me daba mucha pena despertarte. Me ha surgido una urgencia familiar y he tenido que partir en este mismo instante, espero que no olvides lo que hemos vivido en este escaso tiempo que compartimos.
Quiero recordarte que tenemos una cita pendiente, quiero que nos volvamos a ver y compartir nuevamente contigo.
Te espero el segundo Raiyōbi de Bienvenida en Yukio.
Te aprecio mucho.
Aburame Mei ~
Quiero recordarte que tenemos una cita pendiente, quiero que nos volvamos a ver y compartir nuevamente contigo.
Te espero el segundo Raiyōbi de Bienvenida en Yukio.
Te aprecio mucho.
Aburame Mei ~
Hubo un estallido de emociones en el corazón de Ranko.
—Oh, Mei-hime…
Lo primero que sintió fue una gran tristeza, con toque de decepción, pues anhelaba seguir un día más con ella y, aunque comprendía que una emergencia familiar era importante, no podía evitar sentirse mal por la partida de la Uzujin.
Lo siguiente fue una gran emoción, de que Mei la hubiese considerado tierna al dormir. Se sintió enormemente feliz de que le pidiera no olvidar lo vivido a su lado, y por supuesto que Ranko no lo haría. Además se grabó su apellido, Aburame, pues la chica no lo había mencionado antes.
Finalmente, sintió un gigantesco anhelo al ver la palabra cita. La fecha era algo lejana, hasta el otro año, aunque entendía que Yukio era un lugar bastante lejano, en especial para la Uzujin. ¡Además era cerca de su propio cumpleaños! ¿Qué mejor regalo que verla una vez más? Ranko tenía ahora un objetivo en mente, uno tangible y muy alentador. Si bien podría darse el caso de que Mei sólo la hubiese engañado y no estuviese planeando verla de nuevo, no fue una posibilidad en la que Ranko ahondara. Ella confiaba totalmente en aquella encantadora kunoichi de Uzushiogakure no sato.
—Allí estaré, Mei-hime. —le susurró a la carta.
Volteó una vez más en derredor, cuidando que Kuumi siguiese dormida, y que, aunque fuese imposible, no hubiese nadie más en la habitación para verla. Con el corazón felizmente acelerado, con el rostro agradablemente cálido y con mucha pena por lo que estaba a punto de hacer, inhaló profundamente el olor a rosas de la carta.
Luego posó suavemente sus labios sobre la silueta de los labios de Mei.
Pensamientos (Plum) ✧ Diálogos (PaleVioletRed)