28/01/2020, 13:26
Más de una vez, Ayame vio interrumpido su relato por alguna pregunta formulada por Yui, pero antes de que pudiera responderla, la Arashikage la instaba a continuar. Por lo que así fue.
—Y claro, ya está. Lo tuviste claro desde ese mismo momento. Dragón Rojo estaba en el ajo. Y la voz era seguro la suya —afirmó, y Ayame correspondió con un nuevo asentimiento—. ¿Y qué hiciste, entonces? ¿Simplemente te lo trajiste?
«Peligro...» Ayame contuvo la respiración momentáneamente. De repente se sintió al borde de un acantilado que amenazaba con lanzarla al vacío si no pronunciaba las palabras correctas.
—Primero le enfrenté —respondió, con un hilo de voz—. Quise destruir la mayor parte del material posible con una de mis técnicas de Suiton más poderosas. Kincho lo resistió, claro, o realizó alguna técnica de intercambio para evit...
Ayame se quedó blanca como la cera.
—Fue ahí cuando hizo el Kage Bunshin... y huyó... ¡Maldita sea! —rugió, golpeándose la pierna con un nuevo puñetazo.
Cerró los ojos, respirando hondo varias veces. La compostura, debía mantener la compostura...
—Kaido me reveló su identidad bajo aquel disfraz y empezó toda aquella tontería con que los Kage nos manipulan, que si sólo somos peones en una partida de ajedrez, que si estaba ciega por no verlo, que si él había sido un tipo avispado por haberse dado cuenta a tiempo... Volvió a llamarme vasija, que no era nadie —añadió, y una ligera sombra cruzó sus iris.
«Esquívalo.»
—Le respondí que era irónico que dijera todas esas cosas después de irse en una misión de infiltración para acabar con Dragón Rojo y terminar uniéndose a ellos. Le dije que era muy irónico que él, precisamente él, dijera todo eso, después de haber acabado con otros traidores como Keisuke, los Kajitsu o su propia familia. Y le dije que no me importaba lo que dijera, que yo era Aotsuki Ayame, y que como kunoichi de Amegakure me debía a mi aldea, mi familia y mis amigos... Y que eso le incluía a él.
»Y algo en él pareció... romperse de repente. Algo le hizo daño, se agarró el brazo donde tiene ese maldito tatuaje del dragón y me suplicó que le ayudara. Yo... —añadió, con la voz temblorosa—. No pude evitarlo, me confié, corrí a abrazarle. Mi intención era aprovechar esa cercanía para traérmelo de vuelta, pero al mismo tiempo me alcanzó con el Mizudeppo.
Ayame volvió a tomar aire, llenando sus pulmones como si hubiese estado largo rato bajo el agua.
—Pero antes de eso me dijo algo... Me dijo que confiara en el alquequenje que se oculta tras la niebla, que no perdiéramos la fe en el verdadero Kaido —Ayame hizo una breve pausa, tensa—. El resto... ya lo conoce.
—Y claro, ya está. Lo tuviste claro desde ese mismo momento. Dragón Rojo estaba en el ajo. Y la voz era seguro la suya —afirmó, y Ayame correspondió con un nuevo asentimiento—. ¿Y qué hiciste, entonces? ¿Simplemente te lo trajiste?
«Peligro...» Ayame contuvo la respiración momentáneamente. De repente se sintió al borde de un acantilado que amenazaba con lanzarla al vacío si no pronunciaba las palabras correctas.
—Primero le enfrenté —respondió, con un hilo de voz—. Quise destruir la mayor parte del material posible con una de mis técnicas de Suiton más poderosas. Kincho lo resistió, claro, o realizó alguna técnica de intercambio para evit...
Ayame se quedó blanca como la cera.
—Fue ahí cuando hizo el Kage Bunshin... y huyó... ¡Maldita sea! —rugió, golpeándose la pierna con un nuevo puñetazo.
Cerró los ojos, respirando hondo varias veces. La compostura, debía mantener la compostura...
—Kaido me reveló su identidad bajo aquel disfraz y empezó toda aquella tontería con que los Kage nos manipulan, que si sólo somos peones en una partida de ajedrez, que si estaba ciega por no verlo, que si él había sido un tipo avispado por haberse dado cuenta a tiempo... Volvió a llamarme vasija, que no era nadie —añadió, y una ligera sombra cruzó sus iris.
«Esquívalo.»
—Le respondí que era irónico que dijera todas esas cosas después de irse en una misión de infiltración para acabar con Dragón Rojo y terminar uniéndose a ellos. Le dije que era muy irónico que él, precisamente él, dijera todo eso, después de haber acabado con otros traidores como Keisuke, los Kajitsu o su propia familia. Y le dije que no me importaba lo que dijera, que yo era Aotsuki Ayame, y que como kunoichi de Amegakure me debía a mi aldea, mi familia y mis amigos... Y que eso le incluía a él.
»Y algo en él pareció... romperse de repente. Algo le hizo daño, se agarró el brazo donde tiene ese maldito tatuaje del dragón y me suplicó que le ayudara. Yo... —añadió, con la voz temblorosa—. No pude evitarlo, me confié, corrí a abrazarle. Mi intención era aprovechar esa cercanía para traérmelo de vuelta, pero al mismo tiempo me alcanzó con el Mizudeppo.
Ayame volvió a tomar aire, llenando sus pulmones como si hubiese estado largo rato bajo el agua.
—Pero antes de eso me dijo algo... Me dijo que confiara en el alquequenje que se oculta tras la niebla, que no perdiéramos la fe en el verdadero Kaido —Ayame hizo una breve pausa, tensa—. El resto... ya lo conoce.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)