29/01/2020, 23:32
—Shinobi, ¿está bien? —preguntó el tabernero, al ser consciente de la súbita palidez en el rostro de Rōga.
El chiquillo se inclinó hacia él, preocupado, pero de un momento a otro, el shinobi de Amegakure sacudió la cabeza y se llevó una mano al cuello.
—Si estás seguro... Komaru, vuelve a tu cuarto, anda.
El chiquillo infló los carrillos, a punto de protestar, pero terminó por bajarse del taburete de un salto y empezó a subir las escaleras de madera, arrastrando los pies.
Fue entonces cuando Rōga pronunció aquellas funestas palabras: Alguien más del pueblo había desaparecido. El vaso de cristal terminó resbalando de las manos del tabernero y se estrelló contra el suelo con estruendo de cristales rotos.
—¡Mierda! ¿Hikari? ¿La... La dependienta de Chis Chas? —susurró—. Joder... ¡Joder! Mira que se lo estábamos diciendo: Que dejara de hacer horas extras. Que no era seguro estos días. ¡Que algún día le pasaría factura! ¡Y ella sin escucharnos! Maldita sea...
El hombre respiró hondo varias veces, visiblemente afectado. Se había apoyado la mano en la frente y cerrado los ojos, pero cuando Rōga habló, no tuvo reparos en responder:
—Si te digo la verdad, chico, no parece haber un patrón claro. Sólo sabemos que desaparece una persona cada siete días aproximadamente, pero puede adelantarse o retrasarse uno o dos días.
»Bien. Avisaré al resto de la aldea. Por favor, Rōga-san... Por favor. Acaba con esto. Acaba con este horror. No sólo por mí. Por Komaru. Y por el resto de Yukio. Sálvanos.
El chiquillo se inclinó hacia él, preocupado, pero de un momento a otro, el shinobi de Amegakure sacudió la cabeza y se llevó una mano al cuello.
—Si estás seguro... Komaru, vuelve a tu cuarto, anda.
El chiquillo infló los carrillos, a punto de protestar, pero terminó por bajarse del taburete de un salto y empezó a subir las escaleras de madera, arrastrando los pies.
Fue entonces cuando Rōga pronunció aquellas funestas palabras: Alguien más del pueblo había desaparecido. El vaso de cristal terminó resbalando de las manos del tabernero y se estrelló contra el suelo con estruendo de cristales rotos.
—¡Mierda! ¿Hikari? ¿La... La dependienta de Chis Chas? —susurró—. Joder... ¡Joder! Mira que se lo estábamos diciendo: Que dejara de hacer horas extras. Que no era seguro estos días. ¡Que algún día le pasaría factura! ¡Y ella sin escucharnos! Maldita sea...
El hombre respiró hondo varias veces, visiblemente afectado. Se había apoyado la mano en la frente y cerrado los ojos, pero cuando Rōga habló, no tuvo reparos en responder:
—Si te digo la verdad, chico, no parece haber un patrón claro. Sólo sabemos que desaparece una persona cada siete días aproximadamente, pero puede adelantarse o retrasarse uno o dos días.
»Bien. Avisaré al resto de la aldea. Por favor, Rōga-san... Por favor. Acaba con esto. Acaba con este horror. No sólo por mí. Por Komaru. Y por el resto de Yukio. Sálvanos.
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