27/03/2020, 16:40
Ranko asintió lentamente.
”¿Nada especial? Espero que separarnos sea buena idea… Debo de confiar en Sora-sensei. ¡Espero también que los bandidos no sean… pues… peligrosos!”
—Oh, entendido, Sora-san.
Aproximadamente quince minutos después, los hijos de Tamanegiya regresaron con tres personas: una mujer robusta que parecía estar a punto de cumplir cincuenta, con un chongo alto; un hombre casi anciano alto y delgado, pero de apariencia saludable, y un hombre de mediana edad, alto de mandíbula cuadrada y cabello largo.
—¿Qué es todo esto, Sairō? —dijo el anciano.
—Sora-san, estos son Kitate Miho-san, Matara Karasuke-san y Soijō Bofu-san —los señaló en el orden en que llegaron —. Gente, ellos son Sora-san, Yota-san y Ranko-san. Son ninjas de Kusagakure que vienen a ayudarnos con los bandidos que…
—¡Al fin! —alzó la voz Soijō, haciendo un gesto de molestia, o tal vez hastío, con los brazos — . ¡Ya era hora! ¿Y qué harán?
—Bueno, Sora-san nos ha mandado a llamar precisamente para eso, para contarnos su plan para esta noche. —explicó Sairō.
—Ya han pasado varios ataques —comenzó la mujer, Kitate, mientras cruzaba los brazos —. ¿No es un poco tarde para que actúen?
—Me permito recordarles —el tono de Sairō cambió levemente. Se tornó un tanto más serio —que la tardanza se debe a que nosotros nos tomamos nuestro tiempo en decidir si pedir ayuda o no.
—Mmm… —el anciano, Matara, se rascó su escasa barba grisácea —. Bueno, punto. Escuchemos entonces el plan, Sora-san.
Los cuatro granjeros le prestaron total atención a la jōnin. Incluso la hija de Tamanegiya, quien se había sentado en la cerca, paraba el oído y estaba atenta, aunque su hermano menor ya había desaparecido de nuevo en la casa. Ranko estaba también a la expectativa. ¿Cuál sería el plan de la ninja pelirrosa?
”¿Nada especial? Espero que separarnos sea buena idea… Debo de confiar en Sora-sensei. ¡Espero también que los bandidos no sean… pues… peligrosos!”
—Oh, entendido, Sora-san.
Aproximadamente quince minutos después, los hijos de Tamanegiya regresaron con tres personas: una mujer robusta que parecía estar a punto de cumplir cincuenta, con un chongo alto; un hombre casi anciano alto y delgado, pero de apariencia saludable, y un hombre de mediana edad, alto de mandíbula cuadrada y cabello largo.
—¿Qué es todo esto, Sairō? —dijo el anciano.
—Sora-san, estos son Kitate Miho-san, Matara Karasuke-san y Soijō Bofu-san —los señaló en el orden en que llegaron —. Gente, ellos son Sora-san, Yota-san y Ranko-san. Son ninjas de Kusagakure que vienen a ayudarnos con los bandidos que…
—¡Al fin! —alzó la voz Soijō, haciendo un gesto de molestia, o tal vez hastío, con los brazos — . ¡Ya era hora! ¿Y qué harán?
—Bueno, Sora-san nos ha mandado a llamar precisamente para eso, para contarnos su plan para esta noche. —explicó Sairō.
—Ya han pasado varios ataques —comenzó la mujer, Kitate, mientras cruzaba los brazos —. ¿No es un poco tarde para que actúen?
—Me permito recordarles —el tono de Sairō cambió levemente. Se tornó un tanto más serio —que la tardanza se debe a que nosotros nos tomamos nuestro tiempo en decidir si pedir ayuda o no.
—Mmm… —el anciano, Matara, se rascó su escasa barba grisácea —. Bueno, punto. Escuchemos entonces el plan, Sora-san.
Los cuatro granjeros le prestaron total atención a la jōnin. Incluso la hija de Tamanegiya, quien se había sentado en la cerca, paraba el oído y estaba atenta, aunque su hermano menor ya había desaparecido de nuevo en la casa. Ranko estaba también a la expectativa. ¿Cuál sería el plan de la ninja pelirrosa?
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