30/05/2020, 21:10
El jönin pareció más que satisfecho con la contestación de la pelirroja, como cabía de esperar. Esos churros con chocolates le iban a salir gratis, y no hay nada más placentero en la vida, nada que llene más de satisfacción que todo aquello que sale gratis, ¿no?. La verdad, ser tan considerada e intentar siempre caer bien a los que la rodeaban, no salía barato.
Aiko expuso que le gustaba más como le quedaba el pelo largo, así como soltó que en realidad tampoco le quedaba mal corto. El Uchiha confirmó lo expuesto en última instancia, cortito tampoco le quedaba mal. Luego, preguntó la chica si pedían ya, dado que sabían lo que iban a tomar. Datsue levantó la mano, y llamó la atención del hombre, que rápidamente se acercó a la mesa. El chico pidió media docena de churros y una taza de chocolate mediana, a lo que Aiko añadió otra media docena de churros, y otra taza de chocolate mediana, con extra de azúcar.
Entre tanto, Datsue preguntó a la pelirroja cómo le iba la vida, si estaba haciendo muchas misiones. La verdad, misiones no le faltaban, pero era algo que debía explicar con un poco de profundidad. De lo contrario, sin explicarlo demasiado, quizás no lo llegase a entender.
—Ufff... ¡Las misiones! —la chica no pudo evitar reír. —Imagínate que te llevas currando una carrera durante años ¡decenas de años! como profesor, te especializas en algo, no sé algo como historia del arte. De pronto, un buen día despiertas y no recuerdas nada. Tienes que seguir yendo a dar clases, pero no sabes ni quienes son los alumnos, o de qué tienes que hablar. Ahora aplicalo a nuestro oficio...
»En la última misión, tuve que espiar a una señora que fue denunciada por una vecina. Al parecer ésta mujer se estaba aprovechando de unos jóvenes para hacer que hicieran ruido en la fachada de la otra mujer. En fin, un jaleo entre vecinas, y la misión era relativamente sencilla, solo tenía que corroborar que la mujer hacía tratos con los chicos para molestar a la otra. Pues no veas... resulta que la mujer estaba comprando pan, y para acercarme a ella usé el bendito henge, pues sin querer me distraje un poco, y se fue a la mierda. Tan solo me choqué, un roce, con otra persona y... ¡a la mierda! —supiró. —¡Que chasco! ¿quién se iba a imaginar que una técnica así se iría con tanta facilidad? Aunque suerte tengo de haber podido aprenderla de nuevo, que no veas... He empezado desde cero, pero sin embargo he tenido que ir intentando hacer misiones como si llevase toda la vida haciéndolo.
»La anterior fue con un gato, y te puedo decir solo una cosa... intentar asustar a un gato con un sello explosivo, para hacer que huya hacia ti no siempre funciona. Te lo puedo asegurar, y la señora Tosho Lansalada también te lo puede confirmar, no está nada contenta con el nuevo peinado del señor sardinitas...
»La lista ya va con unas cuantas así, creo que van siete misiones de la misma manera, y ya la gente cuando ve mi nombre en los pergaminos empiezan a temblar. De hecho, llevo unos meses que me cuesta horrores que no rechacen mi participación... es horrible.
La chica se llevó las manos a la nuca, en una incómoda sonrisa —Supongo que es normal, pero espero que cambie pronto, porque vamos... a éste ritmo, me voy a arruinar... jajaja.
Aiko expuso que le gustaba más como le quedaba el pelo largo, así como soltó que en realidad tampoco le quedaba mal corto. El Uchiha confirmó lo expuesto en última instancia, cortito tampoco le quedaba mal. Luego, preguntó la chica si pedían ya, dado que sabían lo que iban a tomar. Datsue levantó la mano, y llamó la atención del hombre, que rápidamente se acercó a la mesa. El chico pidió media docena de churros y una taza de chocolate mediana, a lo que Aiko añadió otra media docena de churros, y otra taza de chocolate mediana, con extra de azúcar.
Entre tanto, Datsue preguntó a la pelirroja cómo le iba la vida, si estaba haciendo muchas misiones. La verdad, misiones no le faltaban, pero era algo que debía explicar con un poco de profundidad. De lo contrario, sin explicarlo demasiado, quizás no lo llegase a entender.
—Ufff... ¡Las misiones! —la chica no pudo evitar reír. —Imagínate que te llevas currando una carrera durante años ¡decenas de años! como profesor, te especializas en algo, no sé algo como historia del arte. De pronto, un buen día despiertas y no recuerdas nada. Tienes que seguir yendo a dar clases, pero no sabes ni quienes son los alumnos, o de qué tienes que hablar. Ahora aplicalo a nuestro oficio...
»En la última misión, tuve que espiar a una señora que fue denunciada por una vecina. Al parecer ésta mujer se estaba aprovechando de unos jóvenes para hacer que hicieran ruido en la fachada de la otra mujer. En fin, un jaleo entre vecinas, y la misión era relativamente sencilla, solo tenía que corroborar que la mujer hacía tratos con los chicos para molestar a la otra. Pues no veas... resulta que la mujer estaba comprando pan, y para acercarme a ella usé el bendito henge, pues sin querer me distraje un poco, y se fue a la mierda. Tan solo me choqué, un roce, con otra persona y... ¡a la mierda! —supiró. —¡Que chasco! ¿quién se iba a imaginar que una técnica así se iría con tanta facilidad? Aunque suerte tengo de haber podido aprenderla de nuevo, que no veas... He empezado desde cero, pero sin embargo he tenido que ir intentando hacer misiones como si llevase toda la vida haciéndolo.
»La anterior fue con un gato, y te puedo decir solo una cosa... intentar asustar a un gato con un sello explosivo, para hacer que huya hacia ti no siempre funciona. Te lo puedo asegurar, y la señora Tosho Lansalada también te lo puede confirmar, no está nada contenta con el nuevo peinado del señor sardinitas...
»La lista ya va con unas cuantas así, creo que van siete misiones de la misma manera, y ya la gente cuando ve mi nombre en los pergaminos empiezan a temblar. De hecho, llevo unos meses que me cuesta horrores que no rechacen mi participación... es horrible.
La chica se llevó las manos a la nuca, en una incómoda sonrisa —Supongo que es normal, pero espero que cambie pronto, porque vamos... a éste ritmo, me voy a arruinar... jajaja.