3/06/2020, 16:59
El resto del almuerzo pasó en el más absoluto silencio, únicamente interrumpido por los truenos de la torrencial lluvia en el exterior que golpeaba la ventana y en otras tanto iluminaba con sus ocasionales truenos. Era difícil saber si Amenokami estaba de buen o mal humor ese día. Lo cierto es que no hubo más palabras. La muchacha al terminar de comer se limpió la boca con una servilleta, dejó los palillos sobre su plato terminado y procedió a marcharse.
—Gracias por la comida — Dijo en un tono desanimado mientras se marchaba del comedor, yéndose a encerrar una vez más en su habitación.
La casa ahora lucía mucho más fría, al menos sin la presencia colorida de Hangaku. Como si ella fuese la única luz real que daba vida a aquel tétrico y abandonado templo, pero ahora su sonrisa se había apagado y marchado, dejando al shinobi libre a su actuar.
—Gracias por la comida — Dijo en un tono desanimado mientras se marchaba del comedor, yéndose a encerrar una vez más en su habitación.
La casa ahora lucía mucho más fría, al menos sin la presencia colorida de Hangaku. Como si ella fuese la única luz real que daba vida a aquel tétrico y abandonado templo, pero ahora su sonrisa se había apagado y marchado, dejando al shinobi libre a su actuar.