9/06/2020, 13:10
Datsue rió con el comentario de los niños, como si tuviese tras de sí alguna historieta con respecto al tema. No tardó en confirmarlo, asegurando que en las nuevas generaciones había demasiado malcriado. Razón no le faltaba al jönin, había de todo suelto en esa fauna que algún día llegaría a convertirse en shinobis.
La pelirroja contestó que no veía del todo cómodo el uso de técnicas de sellado para guardar el retrato, pero el Uchiha la corrigió casi al instante. Él no se refería a guardar el retrato en un trozo de tela, si no a otra cosa. Le pidió que observase, y tomó su pequeño librito. Realizó una serie de sellos, pasó la mano por encima del librito, y de pronto éste se deshizo en puro chakra que viajó frenéticamente hacia el pecho del militante. En un abrir y cerrar de ojos, en el pectoral del Uchiha apareció un trébol de cuatro hojas, producto de una técnica de sellado. Obviamente, allí se había incrustado aquél librito.
No tardó en corroborar las sospechas Datsue, especificando que realmente se podía liberar como en cualquier otra técnica de sellado. Con pasar la mano por el sitio, tendría acceso a ese tomo de manera casi instantánea. Además, estando así no lo dañaría, ni se preocuparía de poder perderlo. El método era... casi que inmejorable.
Aiko, con los ojos abiertos, no escondía su shock —¡Wooow! ¡Eso sí que ha molado! —increpó.
»Yo estoy dándole bastante prioridad a aprender técnicas de sellado, pero no sabía que se podía hacer algo así. Supongo que es una técnica un poco avanzada, ¿no?
Sin duda alguna, el arte del Fuinjutsu cada día la tenía más enamorada. Era una senda que siempre te sorprendía, donde toda lógica puede escapar entre las manos, como un vaso de agua. No sabía muy bien cuales eran sus habilidades en el pasado, pero sí que tenía claro que en el futuro iba a esforzarse por aprender más sobre éste arte.
La pelirroja contestó que no veía del todo cómodo el uso de técnicas de sellado para guardar el retrato, pero el Uchiha la corrigió casi al instante. Él no se refería a guardar el retrato en un trozo de tela, si no a otra cosa. Le pidió que observase, y tomó su pequeño librito. Realizó una serie de sellos, pasó la mano por encima del librito, y de pronto éste se deshizo en puro chakra que viajó frenéticamente hacia el pecho del militante. En un abrir y cerrar de ojos, en el pectoral del Uchiha apareció un trébol de cuatro hojas, producto de una técnica de sellado. Obviamente, allí se había incrustado aquél librito.
No tardó en corroborar las sospechas Datsue, especificando que realmente se podía liberar como en cualquier otra técnica de sellado. Con pasar la mano por el sitio, tendría acceso a ese tomo de manera casi instantánea. Además, estando así no lo dañaría, ni se preocuparía de poder perderlo. El método era... casi que inmejorable.
Aiko, con los ojos abiertos, no escondía su shock —¡Wooow! ¡Eso sí que ha molado! —increpó.
»Yo estoy dándole bastante prioridad a aprender técnicas de sellado, pero no sabía que se podía hacer algo así. Supongo que es una técnica un poco avanzada, ¿no?
Sin duda alguna, el arte del Fuinjutsu cada día la tenía más enamorada. Era una senda que siempre te sorprendía, donde toda lógica puede escapar entre las manos, como un vaso de agua. No sabía muy bien cuales eran sus habilidades en el pasado, pero sí que tenía claro que en el futuro iba a esforzarse por aprender más sobre éste arte.