10/07/2020, 18:30
La sala se había iluminado todavía más. Los pocos cabellos plateados que seguían adornando la cabeza de Taeko parecían brillar y aquella violenta bandada de pájaros avisaba del peligro que corría Ririki, incapaz de defenderse por el hecho de estar esposada. Pero algo frenó el avance de aquel peligro, haciendo que en lugar de Ririki, fuese el vacío lo que se llevase aquel impacto.
—¡Yota-san!
—YOTA.
— Mierda, Yota, detente de una vez
Todos y cada uno de mis compañeros trataban de hacerme entrar en razón, haciéndome ver que aquella venganza no tenía ningún tipo de fundamento más allá de la satisfacción del momento.
—. Yota-kun, no. No te diré que te calmes, ni diré que sé cómo te sientes. Pero no debes ceder. Es… una criminal inhumana. Pero mírala. Está sufriendo. No vale la pena mancharte las manos. Que la justicia de Kusagakure le haga pagar. Por todo.
— ¿Justicia?
Mi tono sarcástico dejaba a entender que no me interesaba la justicia. ¿De qué servía la justicia cuando aquella tiparraca se había saltado cualquier ley moral por la torera? Ya nada haría vovler a Taeko a la vida y yo me sentía en la obligación de vengarla.
— Taeko-chan querría que la vengase, Taeko-chan querría que sus amigos hiciesen pagar a esta loca por lo que le ha hecho y eso es lo que pretendo hacer
—¡Porque era necesario! ¡Mi padre recibió a Hirami! ¡Y yo vi crecer a su hija! ¡Y me di cuenta de que Taeko no usaría su don adecuadamente! —Intentó alzar la mirada, una inyectada en sangre, de locura total —. ¡Era necesario para el progreso! ¡No mío! ¡De todo el mundo! ¡S-sólo mírala! ¡A mi muñeca! ¡E-es perfecta! Mi brazo… e-es solamente un prototipo. ¡Pero ella! ¡Ella será totalmente funcional!
Tuve contar hasta 10 y suspirar.
— Lo que te pasa a ti es que estás loca — dije, forcejeando con la atadura de Sora hasta liberarme — Pero mis camaradas tienen razón. No voy a rebajarme a tu nivel, considerate afortunada
—Era necesario… Era… Era necesario. Necesitaba… Sus huesos. Sus células. Su cuerpo… Era necesario...
Aquello fue todo lo que dijo, acompañado de una mirada a su brazo metálico ante las preguntas de donde estaban los restos amputados de la que antaño fue mi compañera de equipo. Me empezaba a dar asco todo, pero cumpliria con mi palabra y me ahorraría hacer algo de lo que quizás pudiese arrepentirme. Dejaría que fuese el peso de la ley la que juzgase sus atroces actos.
— Me das asco — escupí, en todos los sentidos de la palabra
—¡Yota-san!
—YOTA.
— Mierda, Yota, detente de una vez
Todos y cada uno de mis compañeros trataban de hacerme entrar en razón, haciéndome ver que aquella venganza no tenía ningún tipo de fundamento más allá de la satisfacción del momento.
—. Yota-kun, no. No te diré que te calmes, ni diré que sé cómo te sientes. Pero no debes ceder. Es… una criminal inhumana. Pero mírala. Está sufriendo. No vale la pena mancharte las manos. Que la justicia de Kusagakure le haga pagar. Por todo.
— ¿Justicia?
Mi tono sarcástico dejaba a entender que no me interesaba la justicia. ¿De qué servía la justicia cuando aquella tiparraca se había saltado cualquier ley moral por la torera? Ya nada haría vovler a Taeko a la vida y yo me sentía en la obligación de vengarla.
— Taeko-chan querría que la vengase, Taeko-chan querría que sus amigos hiciesen pagar a esta loca por lo que le ha hecho y eso es lo que pretendo hacer
—¡Porque era necesario! ¡Mi padre recibió a Hirami! ¡Y yo vi crecer a su hija! ¡Y me di cuenta de que Taeko no usaría su don adecuadamente! —Intentó alzar la mirada, una inyectada en sangre, de locura total —. ¡Era necesario para el progreso! ¡No mío! ¡De todo el mundo! ¡S-sólo mírala! ¡A mi muñeca! ¡E-es perfecta! Mi brazo… e-es solamente un prototipo. ¡Pero ella! ¡Ella será totalmente funcional!
Tuve contar hasta 10 y suspirar.
— Lo que te pasa a ti es que estás loca — dije, forcejeando con la atadura de Sora hasta liberarme — Pero mis camaradas tienen razón. No voy a rebajarme a tu nivel, considerate afortunada
—Era necesario… Era… Era necesario. Necesitaba… Sus huesos. Sus células. Su cuerpo… Era necesario...
Aquello fue todo lo que dijo, acompañado de una mirada a su brazo metálico ante las preguntas de donde estaban los restos amputados de la que antaño fue mi compañera de equipo. Me empezaba a dar asco todo, pero cumpliria con mi palabra y me ahorraría hacer algo de lo que quizás pudiese arrepentirme. Dejaría que fuese el peso de la ley la que juzgase sus atroces actos.
— Me das asco — escupí, en todos los sentidos de la palabra
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